@MendozayDiaz

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martes, 5 de septiembre de 2017

La suerte de vivir en León.

Tengo la suerte de vivir y trabajar cerca del río Bernesga a su paso por la ciudad de León. Seis, ocho, diez veces al día lo cruzo, en un sentido u en otro. A distintas horas, con luces diversas. Me encanta el Paseo de La Condesa con sus castaños, ahora anticipándonos sus frutos, ofreciéndonos la sombra que tanto se agradece en esta época del año. Hace meses que disfruto con las fotos de Andrés Martínez Trapiello: magníficas, de los rincones más entrañables y pintorescos de nuestra ciudad. Tomadas, habitualmente, a primera hora, cuando sale a pasear con Tosca; y publicadas en su Facebook, casi todos los días.

Hoy, temprano, crucé el Bernesga por la pasarela a ras del río. Me paré y miré las aguas tan cristalinas, la vegetación a ambas orillas. Paisanos pescando. Caminando, otros más rápido. Solos o acompañados. Todos disfrutando del paseo. Más allá, el puente de San Marcos. Si las piedras hablaran. Por allí han pasado y pasan, cada día, miles de peregrinos haciendo el camino. Durante más de veinte años, por razones de mi trabajo, he vivido en varias ciudades, en Europa y en América. No es presunción, quiero decir que sé de lo que estoy hablando: cuánta gente anhela disfrutar de lo que disfrutamos quienes tenemos la suerte de vivir en León. Cerca de la Pulchra Leonina, de San Isidoro, de la Plaza Mayor, de nuestros parques y jardines (¿cuándo fue la última vez que diste una vuelta por el parque de Quevedo?). No es común. Es cierto que falta mantenimiento (mucho), que la limpieza deja mucho que desear (en mi opinión, una de las prioridades de nuestra ciudad). Pero no toda la responsabilidad es de nuestras autoridades municipales: hay conciudadanos que no colaboran, que abusan. Esos mamarrachos que rayan las paredes con frases o dibujos absurdos. Por favor, no les llamen grafiteros, que eso los eleva, pareciera que les otorga una categoría de artistas que no merecen. Me enfado cuando paso por la orilla este del río y veo destrozadas las figuras de madera que con tanta gracia y singularidad embellecían el paisaje y eran juego y agrado para los más pequeños y sus acompañantes. Algún hijo-de-su-madre no tenía mejor cosa que hacer que arrancarles las crines a los caballitos, las patas a los cocodrilos y los cuernos a las vaquitas.


O cada año, por San Juan, al ver cómo la generación-más-preparada-de-nuestra-historia (no sé si reír o llorar) deja las orillas de nuestro Bernesga después del llamado botellón. Los mismos angelitos que durante el año te miran feo si te equivocas al depositar en una papelera una botella en el lugar del papel o donde la basura orgánica. Hipócritas. Nos molestamos cuando un perro defeca y su dueño no lo recoge, pero nada decimos cuando esos miles de bárbaros defecan y más junto al río, en las calles y en-los-portales-de-los-edificios-cercanos… O solicitamos a las administraciones más campañas para prevenir a los adolescentes de los males del alcohol y de las drogas, y, sin embargo, en esas “fiestas” son miles los menores de edad que, ante la pasividad de sus padres y autoridades, se ponen hasta el chongo. En fin, no quiero enturbiar el sentido de mis palabras, pero es que me duele que se ponga en peligro algo que quiero y valoro, ante la tibieza de propios y extraños.

León es una ciudad muy agradable para vivir. Y no sólo por su historia, por sus monumentos. León es una forma de vivir, de relacionarse, de convivir. Un estilo de vida. Lo triste es que, a medio plazo, incluso a corto, es probable que esta calidad de vida no sea sostenible porque los indicadores dicen que somos los primeros en ancianos, en bajas de larga duración, en pérdida de población o en menor crecimiento económico. Ante esta situación es inútil lamentarse. Lo que hay que hacer es actuar, democráticamente. Si León, durante las últimas décadas, ha dejado de ser lo que era -o lo que quisimos que fuera- en favor de ciudades como Burgos, Valladolid, Palencia… Pues es muy sencillo, como nuestros políticos no han hecho bien su trabajo: que pase el siguiente. Que-más-vale-malo-conocido-que-bueno-por-conocer. ¡A otro perro con ese hueso! Ese cuento ya nos lo conocemos: se llama voto del miedo y estamos sufriendo sus consecuencias. Afortunadamente, cada cierto tiempo, tenemos la posibilidad de elegir a los representantes que, según nuestro criterio, mejor van a defender los intereses de León o que, al menos, lo van a intentar. A su manera, ¡viva la libertad! Y, si no lo hacemos, para solaz de los actuales, daremos por bueno ese refrán que dice que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece.

Publicado en "Diario de León" el domingo 3 de septiembre del 2017: http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/suerte-vivir-leon_1185341.html

lunes, 31 de julio de 2017

Tiempo de pensar.

Hace unos días dialogaba con unos jóvenes sobre la diferencia que hay entre ver y mirar, entre oír y escuchar. Cada uno de nosotros está viendo constantemente un montón de cosas que están sucediendo a nuestro alrededor, y, sin embargo, nos pasan inadvertidas, como si no sucedieran. Sencillamente, no las miramos, no ponemos atención en ellas. La atención, pues, es lo que diferencia al oír del escuchar, el ver del mirar.

Hay otro modo de atención, el que nace no de la atracción exterior que sobre ella ejerza un estímulo adecuado, sino del libre querer. Es ese tipo de atención que se pone cuando algo nos interesa de verdad, independientemente de que nos atraiga instintivamente o no; es el caso, por ejemplo, del que se empeña en aprender letón o vietnamita, no porque le divierta saber idiomas o encuentre entretenido su aprendizaje, sino porque tiene un positivo interés en llegar a saberlos. Entonces es cuando, verdaderamente, se muestra la autenticidad de la actitud, en el sentido de que la atención es verdaderamente la manifestación positiva de un interés real, y no una mera apariencia que no responde a lo que significa. Un hombre puede hacer mucho por otro. Puede hacerlo casi todo, desde pensar por él hasta resolverle la vida. Pero hay una cosa, una sola, que nadie puede hacer por otro: querer. Aquí es donde cada uno se encuentra en absoluta soledad, donde nadie puede esperar nada de otros porque se trata del acto más puramente personal, de la más genuina manifestación del yo en lo que tiene de único.

A veces, vivimos instalados en la superficialidad. Una superficialidad, me parece, que en algunos proviene de la convicción de que saben cuánto hay que saber, razón por la cual no se les ocurre pensar, leer o preguntar nada al respecto; otros porque, sencillamente, no tienen tiempo, ya que lo emplean todo en una atención desparramada en asuntos cotidianos, a los que dan importancia porque son sensibles e inmediatos, y, relegan al último lugar -a ese lugar para el que nunca queda tiempo- lo único que de verdad tiene importancia. Superficialidad por vanidosa autosuficiencia, superficialidad por pura comodidad, por ignorancia.

Somos unos simples transeúntes que se dirigen a una meta. Esa situación de provisionalidad que es la vida del hombre es un hecho evidente. Hubo un tiempo en que no existíamos, y la historia se iba desarrollando como siempre a pesar de nuestra no existencia. Nadie nos echó de menos, ni nadie podía hacerlo. Dentro de algún tiempo ya habremos muerto, y tengo la completa seguridad de que no pasará nada. La vida de la humanidad seguirá más o menos como siempre y, excepto muy pocas personas, y por muy poco tiempo, nadie nos echará de menos. Esta temporalidad del hombre es un hecho, no una teoría; un hecho que no depende de nosotros y que nosotros no podemos modificar. Y este hecho nos lleva a concluir que no somos unos seres independientes. No dependió de nuestra voluntad el nacer. Y no depende tampoco de nuestra voluntad la muerte; ésta se producirá inevitablemente, nos guste o no, queramos o no. Independientemente de nosotros, y antes de que fuéramos, existe una realidad en la que, al nacer, fuimos insertados. Una realidad que podemos reconocer, aceptar, negar, ignorar o combatir, pero de ningún modo eliminar, porque es anterior e independiente de nuestra voluntad, y está fuera de nuestras posibilidades.

No es la atención a verdades profundas lo que caracteriza a la gente de nuestro tiempo; más bien parece lo contrario. Como si su actitud psicológica fuera precisamente evitar, a fuerza de desparramar la atención en mil cosas distintas, que con frecuencia son valores insustanciales. En nuestro tiempo pensar no constituye un objetivo para la mayor parte de la gente. Hay, en su escala de valores, cosas que consideran mucho más urgentes e inmediatas y, también, mucho más importantes: el éxito, la eficacia, el dinero, la fama (que hoy se traduce por notoriedad), el placer, el confort, la política, el poder. En fin, pensar no está de moda, quizá porque nos hemos creado tantas necesidades que ya no hay tiempo de pensar. Pero, atención, porque, cuando el pensamiento está ausente, entonces no hay libertad.

Publicado en "Diario de León" el viernes 28 de julio del 2017: http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/tiempo-pensar_1177358.html

domingo, 16 de julio de 2017

Detrás de los números hay personas.

Cáritas Diocesana de León ha presentado su Memoria de Actividades 2016 que recoge las acciones desarrolladas a través de sus programas a favor de las personas excluidas. Leerla me ha llevado, con facilidad, a reflexionar sobre la aguda crisis que estamos padeciendo; sobre el sufrimiento de muchas personas, especialmente las más desprotegidas. 

Crisis es la palabra que envuelve tantos y tan variados problemas característicos de la situación económica y social de estos últimos años. La gente-de-a-pie la siente como una amenaza que pende sobre la estabilidad de sus puestos de trabajo, así como en los recortes salariales, los expedientes de regulación de empleo o el paro. La vemos y padecemos en la regulación de las pensiones y el recorte o desaparición de ayudas sociales. Muchos empresarios, sobre todo pequeños y medianos, la sufren en la dificultad para acceder al crédito o en la disminución de sus pedidos. Estos hechos son realmente graves. No podemos esconder la cabeza frente a los que está ocurriendo, ni mucho menos, mirar para otro lado frente al sufrimiento de tantas personas. Estas situaciones manifiestan las carencias de fondo de nuestro modelo económico y social. Y, más allá de la economía y de la política, implica igualmente cuestionarnos nuestra forma de vivir. 

La actual crisis está directamente relacionada con la tendencia predominante de confiar el funcionamiento del mercado financiero a su capacidad de autorregulación. Esta tendencia nos ha conducido a la desregulación, privatización y liberalización de los mercados financieros. En tal situación de autorregulación, los mercados financieros han tenido graves fallos, que evidencia una profunda quiebra ética. Uno de los resultados ha sido la producción de “burbujas” que acabaron por contaminar y reventar todo el sistema. Otro fenómeno inquietante ha sido la importancia creciente del sector financiero en el conjunto de la economía. Si bien el sistema financiero juega un papel clave e insustituible, su crecimiento exagerado no ha guardado relación con el conjunto de la economía. Esta creciente separación entre industria financiera y economía real ha de ser profundamente examinada y evaluada a la luz de la crisis. La innovación financiera ha avanzado notablemente, colaborando así a la mejora de la economía; sin embargo, hay que distinguir con claridad este factor positivo de los perniciosos efectos causados por ciertas prácticas de “ingeniería financiera” sin las que probablemente la crisis, de producirse, habría sido mucho menos virulenta. Enloquecidos por el objetivo inmediato de perseguir resultados a corto plazo, se han dejado de lado dimensiones propias de las finanzas como favorecer el empleo de los recursos ahorrados allí donde favorecen la economía real, el bienestar de las personas.


La crisis ha evidenciado el progresivo distanciamiento entre la llamada “economía financiera” y la denominada “economía real”. Sus consecuencias han resultado desastrosas al haberse desencadenado una espiral de causas y efectos: colapso financiero, parón industrial e inmobiliario, sequía de inversiones en bienes y equipos, alto y rápido incremento del desempleo, fuerte contracción del consumo, brusca caída de los ingresos fiscales, déficits presupuestarios inasumibles y, como consecuencia, una diferencia creciente entre los recursos disponibles y las medidas necesarias de protección social. Esta cadena, aparentemente “técnica”, tiene, sin embargo, un final trágico para muchas personas y familias que han perdido su trabajo y sus ingresos, ven con angustia la disminución e incluso desaparición de ayudas sociales, resultan expulsadas del sistema económico y corren el riesgo de serlo del sistema social.

Curiosamente, para salir de la crisis los gobiernos tuvieron que rescatar a los mercados e instituciones financieras de su auto-debacle. Mediante una ingente inyección de dinero público. De la noche a la mañana, el principio “cuanto menos gobierno, mejor” fue sustituido por “los gobiernos deben actuar urgente y decididamente para evitar un desastre”. Es obvio que las cuestiones que tal paradoja plantea son de profundo calado financiero, económico, político y ético: es necesario refundar el sistema financiero internacional sobre nuevas bases. La economía no es éticamente neutra. Es una actividad humana y, como tal, debe ser articulada e institucionalizada. 

En fin, no niego lo que de beneficioso y necesario tiene el mercado; sin embargo, opino, que no es cierto que lo mejor para el interés general sea dejar que el mecanismo del mercado obre con entera libertad sin ninguna interferencia de ningún tipo. Nunca ha existido ningún mercado tan libre ni perfecto, ni podrá existir, por la sencilla razón de que los mercados están operados por personas y grupos, sujetos a sus propias debilidades e intereses, Aunque sólo fuera por esto, el recto juego del mercado debe ser garantizado por los poderes públicos, que deben impedir toda práctica lesiva para el interés general. Detrás de esos números hay personas concretas, con historias de angustias y tragedias. Y no olvidemos que cuando se comete un error en cuestión de derechos, el error no se llama error, sino se llama injusticia.

Publicado en "Diario de León" el viernes 14 de julio del 2017: http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/detras-numeros-hay-personas_1174449.html

miércoles, 28 de junio de 2017

La huella de Roma.

Acabo de leer la última novela de mi amigo Pedro José Villanueva, “La huella de Roma. Oro”. Tres jóvenes de nuestro tiempo Lucía, Daniel e Izán inician su aventura en el entorno del Castro de Degaña, en los montes de Fondos de Vega, cerca de Larón, en el Concejo de Cangas del Narcea, un espacio denominado “La Cabuerca”, un lugar donde hay restos de explotación de oro por los romanos. Cerca del hoy Parque Natural de las Fuentes del Narcea. Caen en un pozo. Viajando en el tiempo. Tan actual, tan siempre de moda. Otro deseo permanente, como volar. Descubren que estaban en el monte Medulium, en Bergidum, cerca de Asturica Augusta, en el año 78. Época en que la explotación de Las Médulas estaba a pleno rendimiento. “Aurum”: oro del imperio, oro que servía para comprar toda clase de utensilios, para pagar la tropa y para mantener, en definitiva, tan vasto imperio.

Y como señala la historiadora Josefina Velasco, autora del prólogo, la habilidad de Pedro José Villanueva consiste en que, a través de su relato, nos enteramos de cómo vestían, comían, se divertían, trabajaban, en qué casas vivían y cómo se relacionaban entre sí romanos y lugareños. Los romanos dejaron vivir a los pueblos a cambio de su trabajo, sus tributos, su sometimiento. Al final, dominador y dominado aprendieron a vivir unos de otros. ¡Qué suerte tenemos de vivir en un entorno donde la Historia, en cualquier momento, nos sale al encuentro! De ver y tocar la huella de Roma. En mi opinión, su mayor obra fue su filosofía, su derecho, su idea del hombre y de su dignidad que el cristianismo perfeccionó acabando con las distinciones entre ciudadanos y esclavos, considerando a todos los hombres como iguales y con una misma dignidad en cuanto criaturas e hijos de Dios.

Aunque son más tangibles las obras públicas e industriales. Los sistemas de extracción del aceite. O los del filtrado del oro y otros minerales con el agua de nuestros montes, como evoca la novela antes mencionada. O la explotación de la madera de los bosques y el uso de los ríos para su arrastre a través del sistema de descenso por flotación. Me encanta reflexionar sobre los romanos y su cultura del agua. Son memorables las termas y baños de las ciudades romanas. Cada barrio contaba con su baño y, a veces, con varios. Los baños eran públicos y los hombres solían acudir por la mañana y las mujeres y los niños por la tarde. O las calzadas romanas a través de las cuales el viajero podía llegar a Roma desde las principales ciudades del Imperio Romano, por lejos que éstas se encontraran. Quien recorría una calzada romana encontraba una piedra miliar numerada cada mil cuatrocientos setenta metros. Si iba provisto del itinerario, equivalente a nuestro actual mapa de carreteras, podía calcular la distancia hasta la siguiente venta. Qué maravilla. Los excelentes ingenieros romanos no se arredraban por las dificultades técnicas. Abordaban con éxito puentes, acueductos, pantanos, sistemas de irrigación, puertos e incluso complejos sistemas de drenaje para desecar zonas pantanosas. Todavía causan admiración obras como el puente de Alcántara en Cáceres, el Acueducto de Segovia, la Torre de Hércules en La Coruña o el canal de unos cuarenta y tres kilómetros de longitud recientemente descubierto en La Cabrera y que, según los expertos, abastecía a Las Médulas.

El material arqueológico también prueba que Hispania se convirtió en la principal región aceitera del Imperio. El aceite llegaba a Roma y hasta los confines del Imperio. Lo sabemos por las ánforas. Sobre este particular escribe, magistralmente, Juan Eslava Galán en su libro “Viaje por el Guadalquivir y su historia”, un libro también muy recomendable. En la Antigüedad el vino, el aceite, las conservas de pescado y hasta el grano se transportaban en grandes ánforas. Muchas de estas grandes vasijas de barro se han encontrado en las excavaciones y entre los restos de los barcos naufragados. Básicamente existen dos clases de ánforas: las panzudas, casi esféricas, llamadas olearias porque servían para envasar aceite, y las vinarias o de vino, que son estilizadas y acaban en punta. La punta servía para inmovilizarlas, clavadas sobre el lastre de arena que cubría las bodegas de los barcos. Cada ánfora lleva la “figlina” o sello del alfarero en un asa y, además, una serie de inscripciones a tinta y pincel, en letra cursiva, los llamados “tituli picti”, en los que se consigna el peso del envase, el peso del aceite, el nombre del productor y otros datos fiscales. En lenguaje actual se denominaría código de barras… Olearias procedentes de la Bética se encuentran en puntos tan distantes como Inglaterra y la India, lo que prueba que nuestro aceite llegaba hasta los confines del Imperio aunque el mayor consumidor de aceite era la propia Roma, que necesitaba mucho para la Annona, una especie de seguridad social de la época que se concretaba en el reparto gratuito de alimentos, y también de espectáculos públicos, mediante el que los emperadores se aseguraban la lealtad de la plebe: panen et circenses…

En fin, la importancia de recuperar y promover la cultura clásica en nuestros planes de estudio. Ya sé, ya sé, que para algunos estudiar la historia y la lengua de Roma no-sirve-para-nada. Vieja polémica. Rebatirlo es materia para otra reflexión. Mientras tanto una anécdota: cuentan que, en cierta ocasión, José Solís Ruiz, ministro de Trabajo de un Gobierno del General Franco, y natural de Cabra (Córdoba), le discutía al rector de la Universidad Complutense, profesor Muñoz Alonso, para qué servía el latín. El profesor le respondió: “Por lo pronto, señor ministro, para que, a Su Señoría, que ha nacido en Cabra, le llamen egabrense y no otra cosa”. 

Publicado, hoy, 28 de junio del 2017, en "Diario de León": http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/huella-roma_1170899.html

miércoles, 14 de junio de 2017

El hilo negro.

El contexto político actual en el que operan empresas y organizaciones de todo tipo, en Europa y en América, está impregnado por el fenómeno de los populismos. Es previsible que la lógica populista tenga un impacto cada vez mayor en la sociedad a medio y largo plazo. Por un lado, más allá de su manifestación en movimientos o partidos políticos, de izquierdas o de derechas, que llegan al poder o a ocupar un espacio político relevante en determinados países de nuestro entorno, los populismos son manifestaciones de profundas tensiones sociales, culturales y económicas, que exigen un discernimiento cabal de sus causas y de sus consecuencias profundas.

Históricamente las revoluciones sociales han cristalizado en demandas sociales irrenunciables que han transformado el marco de acción de las instituciones. Las políticas populistas concretas, las que se viven hoy y ahora en muchos países, tienen ya de hecho efectos múltiples en la vida y en la actividad de las empresas y de las organizaciones, que deben de buscar el modo de seguir cumpliendo con su misión en un entorno cada vez más complejo y a menudo adverso. Sin embargo, convivir con los populismos exige a las empresas, a las organizaciones, reflexionar sobre esta realidad y plantearse qué son los populismos, cómo han surgido, cuál es el horizonte futuro del impacto de los populismos en la sociedad, o si están preparadas para afrontar sus retos y desafíos.

Gracias al Instituto de Empresa y Humanismo de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Navarra he participado en un coloquio sobre estos asuntos que ha sido una verdadera oportunidad para aprender, para generar un intercambio de ideas entre académicos y empresarios, y participar en una discusión y un debate de altura. Pararse a pensar y a reflexionar sobre temas de fondo que ayudan a entender los retos y desafíos que se plantean en nuestra sociedad tiene un valor incalculable en la intensa y frenética vida de los responsables de empresas y organizaciones.

Estos movimientos tienen su origen en demandas insatisfechas, promesas incumplidas y, en mi opinión, sobre todo, en la quiebra moral del capitalismo financiero. Demasiadas personas se han sentido -y se sienten- abandonadas, decepcionadas. Los diagnósticos populistas suelen tener puntos de anclaje ciertos en la realidad. El verdadero problema está en sus soluciones. Comparto el diagnóstico que realizan estos abanderados, pero no sus soluciones mágicas. De entrada, no creo en soluciones simples para problemas complejos. Y, menos aún, que pretendan presentarlas como históricamente novedosas. Me niego a reconocerles el-valor-de-la-novedad, fundamentalmente, porque no es verdad. La mayoría de las soluciones que estos señores presentan son más antiguas que el hilo negro: tan fácil como releer a Marx, Engels, Lenin, Gramsci… Y, más recientemente, a Chaves o al inefable Maduro (en este caso ya que no es posible leerle -es un personaje ágrafo- nos tendremos que conformar con escucharle…). 

Los escritos que inspiraron la revolución Rusa, la Cubana, la Sandinista o la Bolivariana están trufados de estas mismas “soluciones”. Cualesquiera de estos movimientos sociales no sólo no han solucionado los problemas que dijeron que iban a solucionar, sino que han sido una desgracia para la humanidad. En España, muchas de las lindezas, ocurrencias y “novedades” de nuestros populistas de turno se pueden encontrar, literalmente, en los diálogos de los personajes de la novela “Los cipreses creen en Dios” de José María Gironella, una crónica de la Segunda República, una de las novelas más leídas del siglo XX. Menuda “novedad” …


La política como teatro, espectáculo, es una degeneración. Política sin ideas, sin presupuestos concretos para transformar el mundo, no es política. Nuestro Estado social y democrático de derecho sigue siendo mejor sistema para el desarrollo de España. Necesitamos -eso sí- fortalecer nuestras instituciones para que huyan del cortoplacismo, de los intereses de partido y tomen decisiones racionales, justas. Conformar una nueva generación de dirigentes, públicos y privados, que conozcan y comprendan a fondo las dimensiones fundamentales de las organizaciones, de tal manera que puedan vivir la práctica del gobierno con una visión amplia y humanista. Que entiendan el sentido de servicio que define la acción de gobierno. Saber gobernar es saber servir.

Publicado, en "Diario de León", el domingo 11 de junio del 2017: http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/hilo-negro_1166996.html

martes, 9 de mayo de 2017

"La huella de Roma. Oro" de Pedro José Villanueva.

Tres jóvenes de nuestro tiempo Lucía, Daniel e Izán inician su aventura en el entorno del Castro de Degaña, en los montes de Fondos de Vega, cerca de Larón, en el Concejo de Cangas del Narcea, un espacio denominado “La Cabuerca”, un lugar donde hay restos de explotación de oro por los romanos. Cerca del hoy Parque Natural de las Fuentes del Narcea.

Caen en un pozo. Viajando en el tiempo. Tan actual, tan siempre de moda. Otro deseo permanente, como volar. La suerte de vivir en un entorno donde la Historia, en cualquier momento, nos sale al encuentro. Descubren que estaban en el monte Medulium, en Bergidum, cerca de Asturica Augusta, en el año 78, época en que la explotación de Las Médulas estaba a pleno rendimiento. “Aurum”: oro del imperio, oro que servía para comprar toda clase de utensilios, para pagar la tropa y para mantener, en definitiva, tan vasto imperio.

Y como señala la historiadora Josefina Velasco, autora del prólogo, la habilidad de Pedro José Villanueva consiste en que, a través de su relato, nos enteramos de cómo vestían, comían, se divertían trabajaban, en qué casas vivían y cómo se relacionaban entre sí romanos y lugareños. Los romanos dejaron vivir a los pueblos a cambio de su trabajo, sus tributos, su sometimiento. Al final, dominador y dominado aprendieron a vivir unos de otros.

Así, conocemos las actividades más importantes de una vida en una casa romana, la del Procurador responsable de la explotación y administración de las minas de oro de las Médulas. Y sus ropajes. Nos aproximamos a su alimentación a través de una cena romana que presencian nuestros jóvenes protagonistas, a base de ricas carnes de cordero, corzo y venado, aves como el faisán y la perdiz, y por supuesto ricos quesos y dulces, todo ello regado con vino del Bierzo. Costumbres que contrastan con las de los lugareños que les ofrecen tortas de castañas y leche de cabra para reponer fuerzas.

Dos personajes han llamado mi atención. Dientes, el perro alano atigrado. Y el maestro Efestión, un griego que había sido hecho esclavo en otro tiempo y que ganó su libertad enseñando a los descendientes de una rica e importante familia romana. Un sabio, lector de Santiago, uno de los seguidores de un filósofo de la época llamado Cristo. Y “visionario”: preocupado por canalizar el agua de los montes del Bierzo para uso agrícola…Toda la vida del valle giraba en torno a la minería y extracción del oro, pero el maestro sabía que no podía durar eternamente, en un tiempo en que también la política era difícil de entender, según el maestro Efestión.


“La huella de Roma. Oro” no es únicamente una novela histórica, sino que también promueve valores a través de las peripecias de nuestros jóvenes protagonistas: como el esfuerzo y el trabajo en equipo que consiguieron unir a los tres amigos. Una amistad que se había forjado -ante la adversidad- a base de responsabilidad, lealtad y compañerismo.

lunes, 20 de febrero de 2017

Polvos y lodos.

Turquía continúa en la encrucijada de su identidad como nación a caballo entre oriente y occidente, el secularismo y la religión, la modernidad y la tradición. La palabra “turco” era el nombre de la tribu dominante de guerreros nómadas y significa “hombre fuerte”. El símbolo otomano era la cola de caballo, cuantas más se mostraban delante de la tienda, mayor el rango. Dejar las cosas por escrito no formaba parte de las preocupaciones de sus gobernantes: eran nómadas. Sin embargo, afortunadamente, hay fuentes suficientes que documentan los hechos más relevantes de estos siglos de nuestra historia.

Constantinopla, la última capital del imperio romano, ocupaba una posición estratégica en el comercio mundial porque disponía del mejor puerto natural entre Europa y Asia. Por esta razón se convirtió en la capital del imperio que sucedió al romano, el otomano o turco, en 1453, y la posición estratégica de la ciudad sigue siendo evidente en la actualidad. En 1580 Constantinopla tenía setecientos cincuenta mil habitantes, mucho más grande que cualquier otra ciudad europea. Para que tengamos un punto de referencia sería como unas tres veces más grande que el París de la época.

El reinado de Solimán que iba a durar casi cincuenta años (1520-1566) fue el punto culminante del imperio otomano. Nuestro Carlos I era el gran rival de Solimán. En esa época, los turcos llegaron hasta Roma provocando la huida del papa. Lo consiguieron, en parte, porque la “cristiandad” no era sólida. La Reforma había estallado en Alemania y extendido a Países Bajos comenzando largas guerras de religión: “mejor turco que papista” proclamaban algunos protestantes. La megalomanía estaba de moda. Y, también, la crueldad. Era la época de personajes como Vlad El Empalador (1431-1476). Vlad III, príncipe de Valaquia (hoy el sur de la actual Rumanía) era considerado un gobernante de una gran crueldad. El empalamiento que consistía en introducir por el recto un palo muy afilado y delgado, que después se empujaba con mucho cuidado y muy lentamente hacia arriba, evitando todos los órganos vitales. Para salir por el cuello de la víctima. Si el empalador se equivocaba, de manera que la víctima moría con rapidez, también era empalado… Consta que el soberano de Valaquia aplicó este castigo en miles de casos.

Y dos ejemplos más. Uno, a finales del siglo XVI, se extendió la costumbre de que cualquier chica que complaciese al sultán podía tener un hijo suyo, y si era varón, se la mantendría en una situación privilegiada. Si el hijo se convertía después en sultán, ella -como encarnación de la madrastra malvada- dirigía la ejecución de sus hermanastros, a veces niños pequeños, a los que el jefe de los jardineros (ésta era una de sus funciones) asfixiaba con un cordel de seda. Con la seda no se vertía sangre… Y dos: El patriarca ortodoxo era el terrateniente más grande del imperio y el cargo estaba muy disputado… Entre 1453 y 1918, sólo cuatro patriarcas murieron en la cama durante el ejercicio del cargo.

Norman Stone, profesor de Historia y autor de “Breve historia de Turquía”, opina que existen muchos puntos de conexión entre Turquía y España: imperio mundial, con siete siglos de historia islámica y después una nación-estado marcada por la omnipresencia de los gobiernos militares. Turquía no sufrió una guerra civil como la española, pero su experiencia en la Primera Guerra Mundial presenta paralelismos escalofriantes. La guerra de seis años contra Rusia, iniciada en 1768, fue el principio del fin. Y puso punto y final al monopolio otomano del Mar Negro. Por su parte, la guerra de Crimea se considera la primera guerra moderna. Ya existía el telégrafo eléctrico que permitía informar cada día de los acontecimientos, y éste llegó a la propia Crimea en 1855. Algunas fuentes afirman que el zar Nicolás I se enteró en San Petersburgo de lo que estaba pasando por el “Times” de Londres. A partir de entonces, en los sucesivos conflictos bélicos, los periódicos adquirieron protagonismo y, también, la opinión pública.


La partición del imperio otomano es el origen de algunos de los actuales -y más importantes- conflictos de ámbito internacional: los estrechos para Rusia, Siria para Francia, Egipto y el petróleo de Irak para Gran Bretaña. En ese tiempo, el odio entre turcos y griegos había ido creciendo y la coexistencia era casi imposible. Los rusos pensaron que sus intereses quedarían mejor servidos por una Turquía débil. Hay autores que sostienen que la Primera Guerra Mundial se inició realmente en 1911 y terminó en 1923, y ambas fechas están relacionadas con asuntos turcos. 

El profesor Norman Stone, uno de los historiadores de referencia en este asunto, sostiene que el imperio otomano es un fantasma que persigue al mundo moderno. Desapareció del mapa al final de la Primera Guerra Mundial, y los vastos territorios que controlaba han vivido un problema detrás de otro. Opino que no le falta razón. Pensemos en lo que hoy está sucediendo en Palestina, Irak, Ucrania… o en Siria. Polvos y lodos, otra vez.

Publicado, hoy, lunes 20 de febrero del 2017, en "Diario de León": http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/polvos-lodos_1139288.html

jueves, 9 de febrero de 2017

Coloquio con alumnos del IES "José Luís Gutierrez".

Hoy tuve un encuentro con alumnos de Bachillerato de las asignaturas de Economía y de Empresa del Instituto "José Luís Gutierrez" de Muga de Sayago (Zamora).


Hablamos sobre claves del éxito en la empresa. Producto, precio, merchandising, proveedores, tecnología, procesos, liderazgo y servicio al cliente fueron algunos de los tópicos que tratamos.

Muy interesante sus aportaciones y, como siempre en este tipo de encuentros, lo mejor ha sido la oportunidad de conocer y dialogar con gente interesante.


Gracias a la Profesora Vanessa Serrador por la invitación.

lunes, 30 de enero de 2017

Personas satisfechas generan clientes satisfechos.

Desde su fundación, hace treinta y un años, el Instituto de Empresa y Humanismo de la Universidad de Navarra es un lugar de encuentro de empresarios y académicos donde se debate sobre temas que afectan a la vida de la sociedad y de la empresa.

Con esa finalidad desarrolla y fomenta una amplia gama de actividades encaminadas a promocionar el humanismo entre los hombres de empresa, así como a recibir y compartir esa preocupación con los empresarios que son conscientes de su importancia.

Además, el Instituto imparte el Máster en Gobierno y Cultura de las Organizaciones que está dirigido a personas interesadas en la dirección de instituciones políticas o empresariales, que desean adquirir una formación sólida para el gobierno en cualquier tipo de instancia social, y a aquellas que buscan un conocimiento profundo de interdisciplinar acerca de qué es la sociedad y de sus mecanismos de autoridad y gobierno.

Otro año más, he tenido la suerte de ser invitado a colaborar.



Un programa muy interesante y valioso, sobre todo, porque la gran mayoría de los estudiantes son extranjeros y eso, en mi opinión. enriquece los debates.

En esta ocasión les propuse a mis alumnos debatir sobre “Personas satisfechas generan clientes satisfechos”, planteamiento basado en el argumento de mi libro “Viva Mi Gente (cinco acciones básicas que te ayudarán a dirigir mejor)”:


miércoles, 25 de enero de 2017

Viernes 27 de enero: coloquio en el Instituto de Empresa y Humanismo de la Universidad de Navarra.

El próximo viernes, 27 de enero, tendré un coloquio con los alumnos del Máster en Cultura y Gobierno de las Organizaciones del Instituto de Empresa de la Universidad de Navarra.

El tema será "Personas satisfechas generan clientes satisfechos".

Viernes 27, a las 16'00 horas, en el Aula M8 del Edificio Amigos.



lunes, 28 de noviembre de 2016

Destacar en las aulas...y en el recreo.

Hace unas semanas tuve la suerte de escuchar a Trinidad Manzano que inauguró el Foro sobre Innovación Educativa con una conferencia sobre los detalles del programa de aprendizaje cooperativo que están desarrollando en el Colegio Peñacorada. 


Escuchándola, pensaba en la importancia que tiene que las personas aprendamos -desde niños- a colaborar. Empresarios y directivos de organizaciones se quejan, con frecuencia, de que sus empleados (y muchos de ellos, añado yo…) no saben trabajar en equipo, y de los perjuicios que esa carencia tiene para sus resultados. 

Es muy difícil, casi imposible, aprender a trabajar en equipo únicamente a través de la lectura de libros o en un taller por muy bueno que sea el facilitador, y por muy buenas que sean las disposiciones del lector y/o participante. Como ocurre con tantas otras habilidades de “importancia vital”, a trabajar en equipo se aprende, desde pequeños, en la familia y el colegio. Jugando y estudiando: conviviendo.

El logro de las metas de las empresas depende del grado de compromiso de las personas que en ellas colaboran, más allá de la responsabilidad que desempeñen en la organización. Por tanto, para un directivo es prioritario contar con un equipo de personas, conocedoras de su trabajo, esforzadas en hacerlo bien, con ganas e ilusión por lograr los objetivos. En definitiva, de un equipo de colaboradores.

Una actitud formada en el esfuerzo por hacer las cosas bien supone un buen antídoto para superar los circunstanciales estados de ánimo. La voluntad se puede entrenar, y eso depende de cada uno de nosotros. Ese entrenamiento de la voluntad se logra a base de pequeños vencimientos, de pequeños esfuerzos, del logro de metas, que comienzan siendo pequeñas y, una vez educada nuestra voluntad, pueden superar todas las expectativas. Esforzarnos, insistir en lograr lo que nos cuesta engrandece y fortalece nuestra voluntad. Lo más difícil suele ser el compromiso con lo pequeño, con lo menos importante, con lo que suele pasar inadvertido ante los demás…  Los buenos colaboradores que he conocido (y he tenido la suerte de conocer a muchos) son personas que se preocupan y ocupan de los detalles, de hacer bien las cosas pequeñas, con el mismo interés y esfuerzo con el que atienden los grandes asuntos de sus vidas. Una voluntad entrenada para hacer las cosas bien se manifiesta en propósitos firmes y un ánimo superior para enfrentar las contrariedades. Estas son sólo algunas de las diferencias entre un empleado y un colaborador.

Las organizaciones de alto desempeño se definen por ser organizaciones de colaboradores. La organización de esa red de talentos o colaboradores interconectados en torno a un mismo proyecto, cada uno desde su rol, de forma sinérgica y creativa, no es sólo cuestión de liderazgo, acierto estratégico y una dirección adecuada en cada entorno, sino, además, el resultado de un fino alineamiento de las políticas de selección, desarrollo y compensación en torno al objetivo de atraer y retener el mejor talento y conectarlo al proyecto. 

En la economía del conocimiento, las personas producen más valor que el capital y, por tanto, deben ser tratadas -realmente- como factor privilegiado, en tanto que su impacto en los resultados es cada vez mayor. En la vieja empresa -que requiere pocos pensantes y muchos actuantes- el éxito depende de la creatividad de los pensantes y de la disciplina y esfuerzo de los actuantes. Hoy -y desde hace tiempo- las cosas ya no son así, y no sirve de nada tener actuantes disciplinados si no resuelven las necesidades de los clientes y no colaboran en la innovación para producir, en términos de coste y calidad, mejor que la competencia. Este valor añadido, diferencial del conocimiento organizado, supone la ventaja competitiva más sólida y difícil de copiar.

La formación que reciben quienes tienen la responsabilidad de dirigir suele estar más enfocada hacia elementos técnicos que hacia elementos que faciliten su relación con otras personas. Estamos invadidos de tecnicismos que rodean la gestión de las empresas, y descuidando dos capacidades básicas como son el sentido común y el criterio fundamentado en principios. Esta carencia, en ocasiones, se ha reflejado en el mal desempeño de algunos directivos en forma de corrupción o engaños.  

Un directivo debe saber anticiparse a lo que está sucediendo, contar con una visión estratégica del negocio, e, igualmente, ser capaz de formar e integrar equipos de trabajo. La orientación a las personas, la habilidad de relacionarse, es un requisito desde que las organizaciones comenzaron a simplificarse, a "aplanarse".  Por tanto, ahora, quien tiene la responsabilidad de dirigir tiene que haber destacado tanto en las aulas como en el recreo... Porque en la empresa tendrá que relacionarse con personas y esto no se aprende sólo en los libros. Una vez más, la importancia de aprender (ojalá en la familia y en el colegio) a comunicar, a cooperar, a relacionarse: a convivir. Si no, se tendrán serias dificultades para dirigir un equipo de personas. Y, esto a la larga, siempre repercute en los resultados.

Publicado en "Diario de León", hoy, lunes 28 de noviembre del 2016: http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/destacar-aulas-hellip-recreo_1118310.html

martes, 15 de noviembre de 2016

"Toni Zweifel. Huellas de una historia de amor" de Arturo López Kindler.

Acabo de leer la biografía, que se acaba de publicar, de una persona muy interesante: “Toni Zweifel. Huellas de una historia de amor” de Arturo López Kindler. Es el segundo libro que leo de este autor. Hace unos meses leí “Antonio Fontán. Un héroe de la libertad” también publicado por la editorial Rialp y, también, muy recomendable.


Hijo de un empresario suizo, estudió con brillantez la carrera de ingeniería en el Politécnico de Zürich y, en vez de disfrutar de patrimonio “se complicó la vida” y emprendió un proyecto de residencia universitaria (“Fluntern”) con características singulares: no una simple posada sino un lugar de estudio y formación con ambiente de familia cristiana para estudiantes que debían dejar su casa durante la época de clases.

Y, también, creó una fundación benéfica de ámbito universal (www.limmat.org), con sede en Suiza, que tuviera como objeto promocionar a personas menos favorecidas en todo el mundo y mejorar sus condiciones de vida.

Murió a los 51 años después de sobrellevar, durante varios años y con una fortaleza ejemplar, su enfermedad (leucemia). Una personalidad inspiradora. Un ejemplo de vida que sirve de guía a tantos hombres y mujeres que buscan dedicar toda su energía a proyectos de largo alcance.

martes, 1 de noviembre de 2016

El Papa Francisco en Suecia: un recuerdo para José Miguel Cejas.

Que sí, que sí, que no es broma…Que el Ayuntamiento de Madrid quiere que las ovejas vuelvan a pastar en la Casa de Campo. La Alcaldesa Carmena se ha pronunciado a favor de esta medida con un argumento de autoridad: en el Palacio de las Naciones de Ginebra también pastan las ovejas. Una oportunidad para ser-como-los-suizos, al menos en esto… Señor, señor, qué rebaño.

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Expertos en urbanismo han distinguido a León como una de las ciudades con mejor calidad de vida para sus habitantes. Una buena noticia. Es una realidad que León-está-de-moda. Cada vez se aprecian, por ejemplo, más turistas y congresistas. Y una mejor noticia: que según el criterio de estos sabios León también seguirá estando de moda en el futuro. Lo que más me gusta de esta distinción es su causa: León ofrece la cobertura de muchos servicios públicos sin perder la “escala humana”.

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El Papa Francisco ha asistido, en Suecia, a la conmemoración de los quinientos años de la Reforma Protestante. Es más, lo que nos une que lo que nos separa, ha dicho.

Hablar de cristianos y luteranos en Escandinavia me recuerda -con cariño y gratitud- el libro “Cálido viento del norte” de José Miguel Cejas que falleció en febrero de este año, un mes antes de la presentación de su libro.


Se trata de breves historias de hombres y mujeres de los países nórdicos, “disidentes” que recorren caminos lejanos a los propuestos por las ideologías dominantes. Según José Miguel Cejas el estilo de vida de estas gentes constituye un viento cálido y renovador procedente del norte de Europa; y su disidencia es denuncia, pero también esperanza de un tiempo nuevo.

miércoles, 19 de octubre de 2016

"Patria" de Fernando Aramburu.


Según iba leyendo las páginas de “Patria” recordaba un tiempo que viví no como protagonista, pero si como espectador. Como tantos españoles que cada día nos desayunábamos, durante años (demasiados años…), con la noticia de algún asesinato, de algún atentado terrorista.

En la Universidad de Granada tuve un compañero de quien no pude conocer su verdadera historia hasta veinte años después, gracias a los buscadores de internet. Un chico vasco, solitario, desconfiado. Coincidíamos en los mismos bancos del aula. Se le notaba incómodo. Quería ser amable pero no cultivar una amistad que le obligara a contar de más… Después de varios años intercambiando apuntes y alguna puntual conversación, me dijo que su tío era un empresario vasco que había sido amenazado por ETA y que, por prudencia, su padre había decidido enviarle a estudiar al otro extremo de España. La verdad es que su padre, dirigente empresarial, había sido asesinado por negarse a pagar el impuesto revolucionario. Y su tío, años después, sobrevivió a un atentado, pero quedó inválido.

Dramática historia como la que también se refleja en esta novela de Fernando Aramburu a través de la vida, durante esos años, de dos familias de un pueblo guipuzcoano. 

A pesar de su extensión (más de seiscientas páginas…) su lectura resulta amena, quizá, gracias a la técnica que utiliza su autor de narrar a través de un mosaico de breves capítulos. 

Muy recomendable.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Gracias amigos de Ponferrada.

Ayer, jueves 29 de septiembre, presenté "Viva Mi Gente (cinco acciones básicas que te ayudarán a dirigir mejor)" en Ponferrada, en la Biblioteca Municipal.

Feliz porque me acompañaron lectores y amigos con quienes tuve la oportunidad de dialogar, de aprender de personas interesantes.


Muchas gracias a todos.




domingo, 4 de septiembre de 2016

“El camino hacia el sol. Economía, energía, medio ambiente y sociedad” de Víctor Díaz Golpe.

Acabo de leer el libro de mi amigo Víctor Díaz Golpe “El camino hacia el sol. Economía, energía, medio ambiente y sociedad” que pretende ser un punto intermedio de encuentro entre lo técnico y lo divulgativo, haciendo hincapié en la relación existente entre la economía, el consumo de energía y el medio ambiente, así como las repercusiones de estos tres factores sobre la sociedad y la calidad de vida de la población.

Hace un recorrido que comienza con una breve introducción de la historia económica de Estados Unidos, la creación de monopolios y la utilización a gran escala del petróleo como fuente de energía primaria, para, posteriormente, analizar los tres factores que influyen en la determinación del precio del barril.

También se analizan los efectos del consumo de combustibles fósiles sobre el medio ambiente y las posibles soluciones que podrían paliar o evitar el cambio climático, particularmente, el incremento de eficiencia energética y, de forma especial, las energías renovables. 

Considera las ventajas e inconvenientes actuales de las tecnologías limpias, así como las previsiones sobre una mayor penetración de estas tecnologías, que dependerá del desarrollo de los sistemas de acumulación masiva de energía, jugando en este punto un papel importante el desarrollo de los vehículos eléctricos.

Según Víctor, el resultado final será una concepción distinta de la integración de la energía en el sistema económico y la sociedad, dando lugar a la electrificación y des carbonización de la economía y el planeta, aunque, actualmente, se mantiene la incógnita de cuándo este cambio tendrá lugar de forma definitiva.

“El camino hacia el sol. Economía, energía, medio ambiente y sociedad” se presentó, por Juan Pablo García Valadés, el pasado mes de julio, en el Aula Leonesa de Inversión, iniciativa del periódico “La Nueva Crónica”, Renta 4 Banco, el Colegio de Economistas y la Cámara de la Propiedad Urbana de León. 

Hubo un debate con preguntas y respuestas muy interesantes y, también, fue una oportunidad para coincidir con amigos.


A continuación, os dejo el enlace del vídeo de la presentación: 


Y también el enlace de su blog: http://golpedefecto.blogspot.com.es/



martes, 23 de agosto de 2016

Ser abogado.

El Premio Abogados de Novela se convoca, cada año, por el Consejo General de la Abogacía Española, la Mutualidad de la Abogacía y Ediciones Martínez Roca, del Grupo Planeta, con la intención de premiar una novela que ayude al lector a profundizar en los conocimientos del mundo de la abogacía y sus ámbitos de actuación, valores, proyección y la trascendencia social de su función. El primer libro, distinguido por este galardón, que leí fue “El jurado número 10”, de Reyes Calderón, que recibió el reconocimiento en el año 2013. Recuerdo que se trataba de una novela interesante, amena y especialmente divertida (en mi opinión ayuda que los personajes y el entorno sean locales); y, en este caso, también divulgativa pues da a conocer cómo funciona el jurado en nuestro sistema judicial.

“El abogado de pobres” fue la novela ganadora del Premio Abogados de Novela 2014. Ambientada en Jerez de la Frontera a mediados del siglo XVIII, su protagonista es un abogado de pobres que tiene que enfrentarse a varios casos de corrupción, robo y falsificaciones, abusos de poder y manipulación de la Justicia. En el más importante de ellos, estarán implicados algunos de los personajes más importantes de la ciudad. La figura del “abogado de pobres” es una figura que desaparece a finales del siglo XVIII en la medida que, en las grandes ciudades, se van creando los Colegios de Abogados que se encargan de defender gratuitamente a los pobres y desamparados, designando de entre sus colegiados a quienes por turno habrían de hacerse cargo de la defensa de esas personas sin posibles. Juan Pedro Cosano, abogado gaditano, personifica en Pedro de Alemán, el protagonista de su relato ganador, los rasgos de un jurista, adalid de la cultura y de los valores humanos. Excelente novela, muy recomendable. Asimismo, la novela ganadora del VI Premio Abogados de Novela (2015), “La mediadora” de Jesús Sánchez Adalid. La mediación como medio alternativo de solución de conflictos está de moda. Aunque, en mi opinión, es más antigua que el hilo negro… La Abogacía es una profesión pionera en la mediación como herramienta para alcanzar el consenso entre partes en conflicto ya que los abogados, mayoritariamente, llevamos siglos promoviendo la cultura del acuerdo. 

Durante la Feria del Libro de León, en la Librería Universitaria, me encontré con “El alma de la toga”; y ya su título me resultó tan sugerente, que me lo compré… Su autor, D. Ángel Ossorio y Gallardo (1873-1946), tuvo una vida plena de responsabilidades profesionales y políticas. Fue Presidente de la Academia de Jurisprudencia y Legislación, y del Ateneo de Madrid. Gobernador de Barcelona y Ministro de Fomento durante el reinado de Alfonso XIII. Diputado en varias legislaturas. En la II República fue Presidente de la comisión que elaboró la Constitución Española de 1931, y Embajador. Bien, pues después de una vida tan intensa, poco antes de morir, reconoció a sus amigos, en Buenos Aires (donde se exilió tras la Guerra Civil), que su mayor satisfacción fue ser abogado.



Años antes, en junio de 1919, en el apogeo de su profesión, escribió “El alma de la toga”. Un libro muy oportuno para quien se inicia en el ejercicio de la abogacía pues está repleto de sabios consejos fundamentados en su experiencia. A pesar de su brevedad trata muchos asuntos que invitan a pensar. Como cuando escribe sobre quién es Abogado, y la diferencia con el Licenciado en Derecho. La moral del abogado. Su sensibilidad, su cordialidad; el “desdoblamiento psíquico”. Su independencia. Según D. Ángel el mundo nos utiliza y respeta en tanto que tengamos “la condición del amianto”: poder y riqueza, fuerza y hermosura, todas las incitaciones, todos los fuegos de la pasión han de andar entre nuestras manos sin que nos quememos…Cuando habla sobre el sistema de trabajo, aconseja que antes de coger la pluma hay que estudiar los documentos y consultar libros. Y no confiar nunca en la capacidad de improvisación: el guion escrito es siempre indispensable. Aunque considera que todas las horas son buenas para trabajar, recomienda especialmente las primeras de la mañana (desde la seis hasta la diez) porque “antes de las diez de la mañana podemos dar al trabajo nuestras primicias y, después de la diez de la noche, no le concedemos sino nuestros residuos…”. Partidario del uso de la palabra en la resolución de conflictos: “se adelanta más en media hora de conversación que en medio año de correspondencia”. Sobre la oratoria forense hace recomendaciones sencillas pero muy prácticas, muy útiles para el ejercicio de la profesión, como cuando afirma que “la brevedad es el manjar preferido de los jueces…”. Defiende una oratoria breve, clara, concreta, cortés, amena y que cuide el léxico. Leer es esencial, también para un abogado. Cuando no se lee, nos recuerda, “viene el atasco intelectual, la atrofia del gusto, la rutina para discernir y escribir, los tópicos, los envilecimientos del lenguaje…”.

Me sorprende que trate asuntos que entonces eran de actualidad y que hoy, casi cien años después, lo continúen siendo como la especialización, el trabajo de los jueces (“hay mucha más abnegación y virtud de la que el vulgo supone”), la abogacía y la política, la “defensa de los pobres” (justicia gratuita), la función de los colegios profesionales o la utilización de la toga (“todas las apariencias tienen su íntimo sentido”). Personalmente me encantó esta frase: “Hay que estudiar, hay que leer, hay que apreciar el pensamiento ajeno, que es tanto como amar la vida, ya que la discurrimos e iluminamos entre todos”. Recomiendo la lectura de este libro. A mí me ha nutrido con puntos para pensar. Y me he divertido conociendo nuevas palabras como rábula, curialete, fuste, ganapán, petimetre o tresillista…jajaja. A pesar de los años transcurridos desde su primera edición (1919), mantiene su vigencia y, quizá por eso, “El alma de la toga” es reconocida como un verdadero clásico de la literatura jurídica.

Publicado en Diario de León el 23 de agosto del 2016: http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/ser-abogado_1093723.html

miércoles, 10 de agosto de 2016

La vida después de los 50.

La edad no es sino el tiempo de vida de una persona, tan sólo una unidad de medida. Un año se va y llega otro. La vida sigue su imparable curso. El tiempo es breve. Es cierto que, a veces, la edad es algo más que el simple cómputo numérico del curso de la vida y podemos confundirla con ésta, y no es lo mismo. 

Desde que cumplí 50 años siento un desajuste entre el tiempo transcurrido –según el calendario- y mi tiempo vivido. Pasó demasiado rápido. Y esta sensación va, inevitablemente, unida a una cierta frustración por no haber aprovechado -mejor- el tiempo. Por ejemplo, esos “trenes” que pasaron, que pude haber tomado y no tomé... “Mística ojalatera” como la llamaba mi amigo Mariano, peligrosa tentación. Ojalá hubiera hecho esto, y lo otro y lo de más allá… Es sano romper con ese círculo vicioso, dañino por paralizante, y en vez de pensar que ahora es tarde, mejor, mucho mejor, es pensar que hoy es siempre todavía.

Experimentado, sentido, que todo puede cambiar en un instante y que nadie me puede garantizar no ser el próximo, intento vivir como si fuera mi último día, cara a Dios y cara a los hombres, porque, realmente, no sé ni el día ni la hora. Ahora, por primera vez en mi vida, estoy tomándomelo con más calma. Alcanzada la identidad familiar y profesional otras son, ahora, las prioridades. Quiero hacer, pero, con más orden, con “foco”. De un cierto atolondramiento a la calma. Una cierta liberación del agobiante peso de las rutinas cotidianas. Vales lo que eres capaz de dar. El saber perder la vida por los demás. Hacer nuestros los problemas de los demás, de aquellas personas con quienes convivimos. 

Lo que menos me gusta es saber que, en adelante, queda menos. Hasta hace poco siempre pensaba que todavía me quedaban otros tantos años como los que cumplía… A los 50, pensar en que todavía me quedan “otros tantos” es más una ilusión que una probabilidad. Y estas “fechas redondas” son una ocasión para reflexionar, hacer balance, y otear el horizonte…

No me gustan los que presumen de ganadores, los que van de triunfadores por la vida, porque es mentira, sólo que cuando pierden no nos enteramos. Aquí sucede como con los problemas. Hay dos tipos de personas: aquellos que tienen problemas y los cuentan y aquellos que tienen problemas y no los cuentan…

He tenido la suerte de aprender dialogando con personas interesantes. En cierto modo, las personas somos lo que leemos y lo que escuchamos. Lecturas y conversaciones son nuestros principales nutrientes. Por tanto, si leemos buenos libros y procuramos tener buenas conversaciones el resultado será una cabeza "bien amueblada". Hay otras combinaciones posibles pero la más peligrosa es cuando leemos basura y escuchamos basura, porque el resultado será una cabeza llena de... basura. Con todas las consecuencias que ello tiene en nuestra vida y, también (conviene no olvidarlo), en las vidas de las personas con quienes convivimos. Aprovechar el tiempo y elegir -con criterio- nuestros libros e interlocutores es esencial para una vida lograda. 

Un gran despilfarro, quizá el más importante, es desperdiciar nuestra existencia. Perder el tiempo en actualizaciones continuas de la lista de experiencias negativas de la vida es el cuento de nunca acabar. El optimismo es una interpretación positiva de nuestra realidad. Aquello del vaso medio lleno o el vaso medio vacío. Y depende, únicamente, de nosotros.

Esforzarse por descubrir más lo positivo que lo negativo e identificar, o esperar, lo mejor a pesar de las “aparentes apariencias”. El optimismo, más allá de la genética, puede adquirirse, con esfuerzo, con lucha. Mediante la repetición de actos o momentos cotidianos de optimismo, intentando buscar y dar lo mejor de sí mismo. Vivimos de proyectos y recuerdos. Y nuestros proyectos sólo serán posibles si dejamos de pensar que son imposibles.

Por último, en demasiadas ocasiones buscamos la felicidad en cosas externas y construimos la vida en torno a realidades que se encuentran fuera de nosotros. Nos olvidamos de construir nuestro interior, que es como los pies sobre los que se apoya toda nuestra existencia. Muchas veces pasamos por alto la ética, los principios y valores, porque estamos ocupados en lograr el oro, la plata o el bronce, al precio que sea necesario. Lo triste es que después de tantos esfuerzos nos damos cuenta del gran vacío al que conduce esa tarea, a la que hemos entregado una parte importante de nuestra vida. Quizá nuestra auténtica "calidad de vida" dependa de que nos esforcemos por vivir serenamente. Aprovechar el tiempo para pensar en uno mismo y reflexionar. Quizá identifiquemos en qué podemos mejorar en nuestra vida. Por ejemplo, dejar de lado la obsesión por hacer e intentar, simplemente, ser. O hacer menos y ser más. 

En fin, un audaz programa de vida para los próximos… años.

Publicado en Diario de León el 10 de agosto del 2016: http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/vida-despues-50_1090033.html

jueves, 2 de junio de 2016

"El alma de la ciudad" de Jesús Sánchez Adalid.

En plena Edad Media, la Reconquista avanza, a pesar de la fuerza del imperio almohade.

El rey Alfonso VIII funda la populosa ciudad de Ambrosía (Plasencia), donde su primer obispo se entrega a erigir el orden más excelso, con una visión guerrera y a la vez mística del mundo.

El joven Blasco Jiménez, la mano derecha del prelado, se enfrenta a un dilema: la fidelidad al espíritu de la ciudad o su propia libertad.


Publicada en el año 2007, su autor, Jesús Sánchez Adalid, es considerado un referente de la buena novela histórica.

Esta obra fue galardonada con el Premio Fernando Lara de Novela 2007.

Completa, amena, sencilla. Recomendable.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Antonio Fontán, un liberal en la Transición.

Ahora que tan de moda está invocar el “espíritu de la Transición” recomiendo la lectura de un libro sobre uno de sus protagonistas: D. Antonio Fontán (1923-2010).

La Transición Española fue obra de personas que aspiraban a un tránsito pacífico de una dictadura a una democracia, personas con diversos orígenes políticos, ideológicos y profesionales. El catedrático de Latín, Antonio Fontán, fue una de las más importantes.

“Antonio Fontán, un liberal en la Transición” de Miguel Ángel Gozalo (Editorial Almuzara) no es una biografía convencional ni un pormenorizado y minucioso relato de la vida de aquel sevillano que ganó una cátedra de latín a los 26 años, editó y dirigió diversas publicaciones a lo largo de su vida (Nuestro Tiempo, Madrid, Nueva Revista) y fundó, junto a Joaquín Garrigues, un partido político que se sumó a la corriente liberal que alimentó un periodo decisivo de la historia de España.


Este libro trata de acercarse a lo que hizo, a esos tres aspectos, tan vigorosos, de la trayectoria de Antonio Fontán: periodismo, latín y todo lo demás. Fue uno de los seres distinguidos con el secreto de aprender permanentemente y de contar de manera clara, precisa y eficaz.

Al final de su vida pasó por la política y se convirtió en uno de los artífices de la Transición, que, como Presidente del Senado, estampó su firma, junto a la del Rey Juan Carlos I y la del Presidente de Las Cortes (D. Fernando Álvarez de Miranda, recientemente fallecido), en el ejemplar de la Constitución de 1978, que devolvía a los españoles la libertad política y los encaminaba a un futuro mejor.

Pero, antes, D. Antonio había hecho algunas otras cosas. Entre otras, ser catedrático de Universidad y periodista de extraordinaria ejecutoria, como director del inolvidado diario “Madrid”, que salió por los aires después de un cierre intempestivo que se convirtió en metáfora de las dificultades de la prensa durante el franquismo.

El autor es Miguel Ángel Gozalo, periodista que conoció a Fontán en el diario “Madrid” y con quien colaboró en posteriores emprendimientos.

Este libro es especialmente recomendable para quienes estén interesados en la Política, con mayúsculas.