@MendozayDiaz

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jueves, 31 de agosto de 2017

#OpinionesDeUnOpinante

Ése es el título de mi nuevo libro que ya está imprimiéndose y se distribuirá a finales del mes de septiembre.

Muchas gracias a mi amigo Francisco Igea Arisqueta por escribir el Prólogo.

Y a Eolas Ediciones por su confianza.


martes, 15 de agosto de 2017

Sonreír.

Las buenas maneras y las formas son mucho más esenciales, significativas y necesarias de lo que se cree. La buena educación sirve precisamente para corregir las reacciones instintivas de la naturaleza humana. Las buenas maneras son manifestaciones externas de respeto hacia la humanidad de los demás. He leído “Sonreír. Amabilidad y buen humor en la vida cotidiana” de Carlo De Marchi. Un libro delicioso, que te invita a pensar. Se puede leer, despacito, saboreándolo, en un par de tardes de verano. Ser amable es más difícil que ser inteligente. Esta afirmación tiene una cierta explicación racional: la inteligencia es un don, la amabilidad una elección. Necesitamos un nuevo humanismo en nuestra sociedad. Promover cualidades sociales como la amabilidad, la cortesía, la cordialidad, la gentileza, la delicadeza, aprender a sonreír. Nada que ver con la afectación, esa especie de ficción benévola y superficial, motivada no pocas veces por el deseo de alcanzar un objetivo pragmático. Ni con el-pelota-de-turno que, por ejemplo, en el trabajo, adula al jefe, le ríe las cuchufletas, etc.

Las relaciones humanas son una necesidad y, sin ellas, la vida no es vivible. A menudo nos referimos a las buenas maneras como cosas de otros tiempos… Sin embargo, hoy, tienen un éxito creciente los cursos que enseñan algunas formas elementales de cortesía, de buen tono, por ejemplo, en la mesa, ya que muchas veces no se enseñan ni en la familia ni en el colegio. El arte de usar los modos, los comportamientos adecuados a cada circunstancia. Lo que llamamos como elegancia, cortesía, buena educación, o con muchas otras expresiones con las que se indican las buenas maneras. No se trata de hipocresías, formalidades ni caricaturas, sino del modelo del humanismo clásico y cristiano de quien no se considera diferente a ninguno de sus semejantes, ni juzga indiferente nada relacionado con otra persona. Hay estudios que concluyen que de esta capacidad para ser amable depende una buena parte del éxito personal. 

Ser amables no quiere decir que tengamos que estar de acuerdo con todos en todo. Tratar bien a una persona no significa decirle siempre que sí, ni mucho menos elogiarla cuando no lo merece. Habitualmente en el trabajo es frecuente que se tenga que decir que no. Lo que suele ocurrir es que de las diez maneras que hay para decir no, solemos escoger la más antipática. Disentir de manera cordial no es una contradicción. Recibir una corrección sobre un comportamiento equivocado del que no me he dado cuenta es un regalo impagable. Aprender el arte del debate: disentir, dialogar contradecir, rebatir con amabilidad. No hay dogmas en las cosas temporales. Un objeto que a uno parece cóncavo, parecerá convexo a los que estén situados en una perspectiva distinta.

Nuestros gestos y palabras no son puras formalidades sin significado. Expresan siempre algo de intimidad de la persona que los realiza. Un gesto que es particularmente significativo es la sonrisa. Alguien dijo algo así como la sonrisa es la línea más corta para unir a dos personas. Gran verdad. Un comportamiento cordial con los demás, con cada persona, por el simple hecho de ser personas. El adjetivo cordial es particularmente significativo porque añade el matiz de implicación del corazón, es decir, de lo más íntimo que existe en la esfera de una persona. Hacer sentir a las personas con quienes convivimos que se les tiene en cuenta y se les aprecia como personas. Para vivir así hace falta luchar. Una lucha decidida contra la tendencia que todos tenemos a “que nos dejen en paz”, a estar encerrados en nosotros mismos, en nuestro propio yo. A ver a los demás como potenciales perturbadores de mi paz personal. El valor esencial, lo importante, no es la autonomía de cada uno como individuo, sino la interdependencia de las personas, que por sí mismas no consiguen ser plenamente ellas mismas. La sonrisa es un gesto fundamental con el que se manifiesta la apertura hacia los demás. 

Esto no sólo es religión. Marco Tulio Cicerón, unos cincuenta años antes del nacimiento de Jesucristo, dijo aquello de que “la justicia es la disposición del alma que da a cada uno lo suyo y tutela con generosidad la convivencia social de los hombres; a ella van unidas la piedad, la bondad, la generosidad, la benignidad, la afabilidad y todas las demás de este género”. Es humanismo, que amplía el habitual concepto de justicia y no lo limita únicamente a los comportamientos codificados y exigibles legalmente. La justicia establece que se dé a cada uno lo suyo, que no es igual que dar a todos lo mismo. El igualitarismo utópico ha sido -y es- fuente de las más grandes injusticias. Como dice mi amigo Mariano, únicamente con la justicia no se resolverán nunca los grandes problemas de la humanidad. La sonrisa genera vínculos, cultiva lazos, crea nuevas redes de integración, favorece la construcción de una base social firme.

Publicado, en "Diario de León", el lunes 14 de agosto del 2017: http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/sonreir_1180958.html

miércoles, 28 de junio de 2017

La huella de Roma.

Acabo de leer la última novela de mi amigo Pedro José Villanueva, “La huella de Roma. Oro”. Tres jóvenes de nuestro tiempo Lucía, Daniel e Izán inician su aventura en el entorno del Castro de Degaña, en los montes de Fondos de Vega, cerca de Larón, en el Concejo de Cangas del Narcea, un espacio denominado “La Cabuerca”, un lugar donde hay restos de explotación de oro por los romanos. Cerca del hoy Parque Natural de las Fuentes del Narcea. Caen en un pozo. Viajando en el tiempo. Tan actual, tan siempre de moda. Otro deseo permanente, como volar. Descubren que estaban en el monte Medulium, en Bergidum, cerca de Asturica Augusta, en el año 78. Época en que la explotación de Las Médulas estaba a pleno rendimiento. “Aurum”: oro del imperio, oro que servía para comprar toda clase de utensilios, para pagar la tropa y para mantener, en definitiva, tan vasto imperio.

Y como señala la historiadora Josefina Velasco, autora del prólogo, la habilidad de Pedro José Villanueva consiste en que, a través de su relato, nos enteramos de cómo vestían, comían, se divertían, trabajaban, en qué casas vivían y cómo se relacionaban entre sí romanos y lugareños. Los romanos dejaron vivir a los pueblos a cambio de su trabajo, sus tributos, su sometimiento. Al final, dominador y dominado aprendieron a vivir unos de otros. ¡Qué suerte tenemos de vivir en un entorno donde la Historia, en cualquier momento, nos sale al encuentro! De ver y tocar la huella de Roma. En mi opinión, su mayor obra fue su filosofía, su derecho, su idea del hombre y de su dignidad que el cristianismo perfeccionó acabando con las distinciones entre ciudadanos y esclavos, considerando a todos los hombres como iguales y con una misma dignidad en cuanto criaturas e hijos de Dios.

Aunque son más tangibles las obras públicas e industriales. Los sistemas de extracción del aceite. O los del filtrado del oro y otros minerales con el agua de nuestros montes, como evoca la novela antes mencionada. O la explotación de la madera de los bosques y el uso de los ríos para su arrastre a través del sistema de descenso por flotación. Me encanta reflexionar sobre los romanos y su cultura del agua. Son memorables las termas y baños de las ciudades romanas. Cada barrio contaba con su baño y, a veces, con varios. Los baños eran públicos y los hombres solían acudir por la mañana y las mujeres y los niños por la tarde. O las calzadas romanas a través de las cuales el viajero podía llegar a Roma desde las principales ciudades del Imperio Romano, por lejos que éstas se encontraran. Quien recorría una calzada romana encontraba una piedra miliar numerada cada mil cuatrocientos setenta metros. Si iba provisto del itinerario, equivalente a nuestro actual mapa de carreteras, podía calcular la distancia hasta la siguiente venta. Qué maravilla. Los excelentes ingenieros romanos no se arredraban por las dificultades técnicas. Abordaban con éxito puentes, acueductos, pantanos, sistemas de irrigación, puertos e incluso complejos sistemas de drenaje para desecar zonas pantanosas. Todavía causan admiración obras como el puente de Alcántara en Cáceres, el Acueducto de Segovia, la Torre de Hércules en La Coruña o el canal de unos cuarenta y tres kilómetros de longitud recientemente descubierto en La Cabrera y que, según los expertos, abastecía a Las Médulas.

El material arqueológico también prueba que Hispania se convirtió en la principal región aceitera del Imperio. El aceite llegaba a Roma y hasta los confines del Imperio. Lo sabemos por las ánforas. Sobre este particular escribe, magistralmente, Juan Eslava Galán en su libro “Viaje por el Guadalquivir y su historia”, un libro también muy recomendable. En la Antigüedad el vino, el aceite, las conservas de pescado y hasta el grano se transportaban en grandes ánforas. Muchas de estas grandes vasijas de barro se han encontrado en las excavaciones y entre los restos de los barcos naufragados. Básicamente existen dos clases de ánforas: las panzudas, casi esféricas, llamadas olearias porque servían para envasar aceite, y las vinarias o de vino, que son estilizadas y acaban en punta. La punta servía para inmovilizarlas, clavadas sobre el lastre de arena que cubría las bodegas de los barcos. Cada ánfora lleva la “figlina” o sello del alfarero en un asa y, además, una serie de inscripciones a tinta y pincel, en letra cursiva, los llamados “tituli picti”, en los que se consigna el peso del envase, el peso del aceite, el nombre del productor y otros datos fiscales. En lenguaje actual se denominaría código de barras… Olearias procedentes de la Bética se encuentran en puntos tan distantes como Inglaterra y la India, lo que prueba que nuestro aceite llegaba hasta los confines del Imperio aunque el mayor consumidor de aceite era la propia Roma, que necesitaba mucho para la Annona, una especie de seguridad social de la época que se concretaba en el reparto gratuito de alimentos, y también de espectáculos públicos, mediante el que los emperadores se aseguraban la lealtad de la plebe: panen et circenses…

En fin, la importancia de recuperar y promover la cultura clásica en nuestros planes de estudio. Ya sé, ya sé, que para algunos estudiar la historia y la lengua de Roma no-sirve-para-nada. Vieja polémica. Rebatirlo es materia para otra reflexión. Mientras tanto una anécdota: cuentan que, en cierta ocasión, José Solís Ruiz, ministro de Trabajo de un Gobierno del General Franco, y natural de Cabra (Córdoba), le discutía al rector de la Universidad Complutense, profesor Muñoz Alonso, para qué servía el latín. El profesor le respondió: “Por lo pronto, señor ministro, para que, a Su Señoría, que ha nacido en Cabra, le llamen egabrense y no otra cosa”. 

Publicado, hoy, 28 de junio del 2017, en "Diario de León": http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/huella-roma_1170899.html

miércoles, 14 de junio de 2017

El hilo negro.

El contexto político actual en el que operan empresas y organizaciones de todo tipo, en Europa y en América, está impregnado por el fenómeno de los populismos. Es previsible que la lógica populista tenga un impacto cada vez mayor en la sociedad a medio y largo plazo. Por un lado, más allá de su manifestación en movimientos o partidos políticos, de izquierdas o de derechas, que llegan al poder o a ocupar un espacio político relevante en determinados países de nuestro entorno, los populismos son manifestaciones de profundas tensiones sociales, culturales y económicas, que exigen un discernimiento cabal de sus causas y de sus consecuencias profundas.

Históricamente las revoluciones sociales han cristalizado en demandas sociales irrenunciables que han transformado el marco de acción de las instituciones. Las políticas populistas concretas, las que se viven hoy y ahora en muchos países, tienen ya de hecho efectos múltiples en la vida y en la actividad de las empresas y de las organizaciones, que deben de buscar el modo de seguir cumpliendo con su misión en un entorno cada vez más complejo y a menudo adverso. Sin embargo, convivir con los populismos exige a las empresas, a las organizaciones, reflexionar sobre esta realidad y plantearse qué son los populismos, cómo han surgido, cuál es el horizonte futuro del impacto de los populismos en la sociedad, o si están preparadas para afrontar sus retos y desafíos.

Gracias al Instituto de Empresa y Humanismo de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Navarra he participado en un coloquio sobre estos asuntos que ha sido una verdadera oportunidad para aprender, para generar un intercambio de ideas entre académicos y empresarios, y participar en una discusión y un debate de altura. Pararse a pensar y a reflexionar sobre temas de fondo que ayudan a entender los retos y desafíos que se plantean en nuestra sociedad tiene un valor incalculable en la intensa y frenética vida de los responsables de empresas y organizaciones.

Estos movimientos tienen su origen en demandas insatisfechas, promesas incumplidas y, en mi opinión, sobre todo, en la quiebra moral del capitalismo financiero. Demasiadas personas se han sentido -y se sienten- abandonadas, decepcionadas. Los diagnósticos populistas suelen tener puntos de anclaje ciertos en la realidad. El verdadero problema está en sus soluciones. Comparto el diagnóstico que realizan estos abanderados, pero no sus soluciones mágicas. De entrada, no creo en soluciones simples para problemas complejos. Y, menos aún, que pretendan presentarlas como históricamente novedosas. Me niego a reconocerles el-valor-de-la-novedad, fundamentalmente, porque no es verdad. La mayoría de las soluciones que estos señores presentan son más antiguas que el hilo negro: tan fácil como releer a Marx, Engels, Lenin, Gramsci… Y, más recientemente, a Chaves o al inefable Maduro (en este caso ya que no es posible leerle -es un personaje ágrafo- nos tendremos que conformar con escucharle…). 

Los escritos que inspiraron la revolución Rusa, la Cubana, la Sandinista o la Bolivariana están trufados de estas mismas “soluciones”. Cualesquiera de estos movimientos sociales no sólo no han solucionado los problemas que dijeron que iban a solucionar, sino que han sido una desgracia para la humanidad. En España, muchas de las lindezas, ocurrencias y “novedades” de nuestros populistas de turno se pueden encontrar, literalmente, en los diálogos de los personajes de la novela “Los cipreses creen en Dios” de José María Gironella, una crónica de la Segunda República, una de las novelas más leídas del siglo XX. Menuda “novedad” …


La política como teatro, espectáculo, es una degeneración. Política sin ideas, sin presupuestos concretos para transformar el mundo, no es política. Nuestro Estado social y democrático de derecho sigue siendo mejor sistema para el desarrollo de España. Necesitamos -eso sí- fortalecer nuestras instituciones para que huyan del cortoplacismo, de los intereses de partido y tomen decisiones racionales, justas. Conformar una nueva generación de dirigentes, públicos y privados, que conozcan y comprendan a fondo las dimensiones fundamentales de las organizaciones, de tal manera que puedan vivir la práctica del gobierno con una visión amplia y humanista. Que entiendan el sentido de servicio que define la acción de gobierno. Saber gobernar es saber servir.

Publicado, en "Diario de León", el domingo 11 de junio del 2017: http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/hilo-negro_1166996.html

martes, 9 de mayo de 2017

"La huella de Roma. Oro" de Pedro José Villanueva.

Tres jóvenes de nuestro tiempo Lucía, Daniel e Izán inician su aventura en el entorno del Castro de Degaña, en los montes de Fondos de Vega, cerca de Larón, en el Concejo de Cangas del Narcea, un espacio denominado “La Cabuerca”, un lugar donde hay restos de explotación de oro por los romanos. Cerca del hoy Parque Natural de las Fuentes del Narcea.

Caen en un pozo. Viajando en el tiempo. Tan actual, tan siempre de moda. Otro deseo permanente, como volar. La suerte de vivir en un entorno donde la Historia, en cualquier momento, nos sale al encuentro. Descubren que estaban en el monte Medulium, en Bergidum, cerca de Asturica Augusta, en el año 78, época en que la explotación de Las Médulas estaba a pleno rendimiento. “Aurum”: oro del imperio, oro que servía para comprar toda clase de utensilios, para pagar la tropa y para mantener, en definitiva, tan vasto imperio.

Y como señala la historiadora Josefina Velasco, autora del prólogo, la habilidad de Pedro José Villanueva consiste en que, a través de su relato, nos enteramos de cómo vestían, comían, se divertían trabajaban, en qué casas vivían y cómo se relacionaban entre sí romanos y lugareños. Los romanos dejaron vivir a los pueblos a cambio de su trabajo, sus tributos, su sometimiento. Al final, dominador y dominado aprendieron a vivir unos de otros.

Así, conocemos las actividades más importantes de una vida en una casa romana, la del Procurador responsable de la explotación y administración de las minas de oro de las Médulas. Y sus ropajes. Nos aproximamos a su alimentación a través de una cena romana que presencian nuestros jóvenes protagonistas, a base de ricas carnes de cordero, corzo y venado, aves como el faisán y la perdiz, y por supuesto ricos quesos y dulces, todo ello regado con vino del Bierzo. Costumbres que contrastan con las de los lugareños que les ofrecen tortas de castañas y leche de cabra para reponer fuerzas.

Dos personajes han llamado mi atención. Dientes, el perro alano atigrado. Y el maestro Efestión, un griego que había sido hecho esclavo en otro tiempo y que ganó su libertad enseñando a los descendientes de una rica e importante familia romana. Un sabio, lector de Santiago, uno de los seguidores de un filósofo de la época llamado Cristo. Y “visionario”: preocupado por canalizar el agua de los montes del Bierzo para uso agrícola…Toda la vida del valle giraba en torno a la minería y extracción del oro, pero el maestro sabía que no podía durar eternamente, en un tiempo en que también la política era difícil de entender, según el maestro Efestión.


“La huella de Roma. Oro” no es únicamente una novela histórica, sino que también promueve valores a través de las peripecias de nuestros jóvenes protagonistas: como el esfuerzo y el trabajo en equipo que consiguieron unir a los tres amigos. Una amistad que se había forjado -ante la adversidad- a base de responsabilidad, lealtad y compañerismo.

domingo, 23 de abril de 2017

"Soldados de Salamina" de Javier Cercas.

Cuando en los meses finales de la guerra civil española las tropas republicanas se retiran hacia la frontera francesa, camino del exilio, alguien toma la decisión de fusilar a un grupo de presos franquistas. Entre ellos se halla Rafael Sánchez Mazas, fundador e ideólogo de Falange.

Sánchez Mazas no sólo logra escapar de ese fusilamiento colectivo, sino que, cuando salen en su busca, un miliciano anónimo le encañona y en el último momento le perdona la vida. 

Su buena estrella le permitirá vivir emboscado, protegido por un grupo de campesinos de la región, aunque siempre recordará a aquel miliciano de extraña mirada que no lo delató. 

El narrador de esta aventura de guerra es un joven periodista que se propone reconstruir el relato real de los hechos y desentrañar el secreto de sus enigmáticos protagonistas. 

Un quiebro inesperado, sin embargo, le llevará a descubrir que el significado de esta historia se encuentra donde menos podía esperarlo: porque uno no encuentra lo que busca, sino lo que la realidad le entrega.

Esta edición escolar (2016) de la novela publicada en el año 2001, cuenta con una guía didáctica, preparada por los profesores de literatura Yannelys Aparicio y Ángel Esteban, que facilita su análisis.


sábado, 22 de abril de 2017

Saber de minas y gustar de vinos.

De María Dueñas sabía porque es la autora de “El tiempo entre costuras”, su primera novela, publicada en el año 2009, y que Antena 3 adaptó a una serie de televisión, con gran éxito de audiencia. No leí “Misión Olvido”. Hace meses, mi amigo Roberto, de León (Guanajuato, México) y residente en Nuevo León (México), con quien, de vez en cuando, intercambio opiniones sobre los libros que leemos, me recomendó “La Templanza” publicada en el año 2015, otro éxito de ventas.


El que esta historia transcurra en México, Cuba y ciudades de la provincia de Cádiz ya supuso un interés adicional a la recomendación de mi amigo. Son tres lugares con los que me siento vinculado.

Nada hacía suponer a Mauro Larrea que la fortuna que levantó tras años de tesón y arrojo se le derrumbaría con un estrepitoso revés. Ahogado por las deudas y la incertidumbre, apuesta sus últimos recursos en una temeraria jugada que abre ante él la oportunidad de resurgir. Hasta que la perturbadora Soledad Montalvo, esposa de un marchante de vinos londinense, entra en su vida envuelta en claroscuros para arrastrarle a un porvenir que jamás sospechó.

De la joven república mexicana a la espléndida Habana colonial; de las Antillas al Jerez de la segunda mitad del siglo XIX, cuando el comercio de sus vinos con Inglaterra convirtió la ciudad andaluza en un enclave cosmopolita y legendario. 

Por todos estos escenarios transita "La Templanza", una novela que habla de glorias y derrotas, de minas de plata, intrigas de familia, viñas, bodegas y ciudades soberbias cuyo esplendor se desvaneció en el tiempo. 

Una historia de coraje ante las adversidades y de un destino alterado para siempre por la fuerza de una pasión.

Especialmente recomendada para quienes sepan de minas y gusten de vinos.

sábado, 25 de marzo de 2017

"Los casos de Horace Rumpole, abogado".

Insigne defensor de las causas perdidas, Horace Rumpole es un abogado adorable, un hombre de altos ideales y de gran sentido común, que fuma cigarros malos, bebe un clarete aún peor, es aficionado a los fritos y a la verdura demasiado hervida, cita a Shakespeare y Wordsworth a destiempo y, generalmente, se decanta por los casos desesperados y por los villanos de barrio. 

Excéntrico y gruñón, lleva años abriéndose paso en las salas de justicia londinenses, mientras brega en casa con su terca mujer, Hilda, a quien él apoda «Ella, La que Ha de Ser Obedecida», en un particular universo donde el sarcasmo, el humor y la intriga se mezclan a partes iguales. 

Su autor, el abogado John Mortimer (1923 - 2009) construye en sus narraciones un universo demoledor y sarcástico al más puro estilo British.


lunes, 20 de febrero de 2017

Polvos y lodos.

Turquía continúa en la encrucijada de su identidad como nación a caballo entre oriente y occidente, el secularismo y la religión, la modernidad y la tradición. La palabra “turco” era el nombre de la tribu dominante de guerreros nómadas y significa “hombre fuerte”. El símbolo otomano era la cola de caballo, cuantas más se mostraban delante de la tienda, mayor el rango. Dejar las cosas por escrito no formaba parte de las preocupaciones de sus gobernantes: eran nómadas. Sin embargo, afortunadamente, hay fuentes suficientes que documentan los hechos más relevantes de estos siglos de nuestra historia.

Constantinopla, la última capital del imperio romano, ocupaba una posición estratégica en el comercio mundial porque disponía del mejor puerto natural entre Europa y Asia. Por esta razón se convirtió en la capital del imperio que sucedió al romano, el otomano o turco, en 1453, y la posición estratégica de la ciudad sigue siendo evidente en la actualidad. En 1580 Constantinopla tenía setecientos cincuenta mil habitantes, mucho más grande que cualquier otra ciudad europea. Para que tengamos un punto de referencia sería como unas tres veces más grande que el París de la época.

El reinado de Solimán que iba a durar casi cincuenta años (1520-1566) fue el punto culminante del imperio otomano. Nuestro Carlos I era el gran rival de Solimán. En esa época, los turcos llegaron hasta Roma provocando la huida del papa. Lo consiguieron, en parte, porque la “cristiandad” no era sólida. La Reforma había estallado en Alemania y extendido a Países Bajos comenzando largas guerras de religión: “mejor turco que papista” proclamaban algunos protestantes. La megalomanía estaba de moda. Y, también, la crueldad. Era la época de personajes como Vlad El Empalador (1431-1476). Vlad III, príncipe de Valaquia (hoy el sur de la actual Rumanía) era considerado un gobernante de una gran crueldad. El empalamiento que consistía en introducir por el recto un palo muy afilado y delgado, que después se empujaba con mucho cuidado y muy lentamente hacia arriba, evitando todos los órganos vitales. Para salir por el cuello de la víctima. Si el empalador se equivocaba, de manera que la víctima moría con rapidez, también era empalado… Consta que el soberano de Valaquia aplicó este castigo en miles de casos.

Y dos ejemplos más. Uno, a finales del siglo XVI, se extendió la costumbre de que cualquier chica que complaciese al sultán podía tener un hijo suyo, y si era varón, se la mantendría en una situación privilegiada. Si el hijo se convertía después en sultán, ella -como encarnación de la madrastra malvada- dirigía la ejecución de sus hermanastros, a veces niños pequeños, a los que el jefe de los jardineros (ésta era una de sus funciones) asfixiaba con un cordel de seda. Con la seda no se vertía sangre… Y dos: El patriarca ortodoxo era el terrateniente más grande del imperio y el cargo estaba muy disputado… Entre 1453 y 1918, sólo cuatro patriarcas murieron en la cama durante el ejercicio del cargo.

Norman Stone, profesor de Historia y autor de “Breve historia de Turquía”, opina que existen muchos puntos de conexión entre Turquía y España: imperio mundial, con siete siglos de historia islámica y después una nación-estado marcada por la omnipresencia de los gobiernos militares. Turquía no sufrió una guerra civil como la española, pero su experiencia en la Primera Guerra Mundial presenta paralelismos escalofriantes. La guerra de seis años contra Rusia, iniciada en 1768, fue el principio del fin. Y puso punto y final al monopolio otomano del Mar Negro. Por su parte, la guerra de Crimea se considera la primera guerra moderna. Ya existía el telégrafo eléctrico que permitía informar cada día de los acontecimientos, y éste llegó a la propia Crimea en 1855. Algunas fuentes afirman que el zar Nicolás I se enteró en San Petersburgo de lo que estaba pasando por el “Times” de Londres. A partir de entonces, en los sucesivos conflictos bélicos, los periódicos adquirieron protagonismo y, también, la opinión pública.


La partición del imperio otomano es el origen de algunos de los actuales -y más importantes- conflictos de ámbito internacional: los estrechos para Rusia, Siria para Francia, Egipto y el petróleo de Irak para Gran Bretaña. En ese tiempo, el odio entre turcos y griegos había ido creciendo y la coexistencia era casi imposible. Los rusos pensaron que sus intereses quedarían mejor servidos por una Turquía débil. Hay autores que sostienen que la Primera Guerra Mundial se inició realmente en 1911 y terminó en 1923, y ambas fechas están relacionadas con asuntos turcos. 

El profesor Norman Stone, uno de los historiadores de referencia en este asunto, sostiene que el imperio otomano es un fantasma que persigue al mundo moderno. Desapareció del mapa al final de la Primera Guerra Mundial, y los vastos territorios que controlaba han vivido un problema detrás de otro. Opino que no le falta razón. Pensemos en lo que hoy está sucediendo en Palestina, Irak, Ucrania… o en Siria. Polvos y lodos, otra vez.

Publicado, hoy, lunes 20 de febrero del 2017, en "Diario de León": http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/polvos-lodos_1139288.html

martes, 13 de diciembre de 2016

‘Hikikomori’ o la rebelión de los buenos.

Hace unas semanas que Diario de León nos informaba de la presentación en Ponferrada de la última novela de mi compañero y amigo, Manuel Ángel Morales: “Hikikomori”. En resumen: Kimitake, un adolescente encerrado desde hace varios años en su habitación (“hikikomori”), pasa su tiempo jugando en la red, en un interminable juego llamado “Campo de Batalla”. Poco a poco, ha ido perdiendo la noción de la realidad, hasta que un día, algo sucede: conoce a Ketsuno, otro adolescente a quien decide seguir. Juntos encontrarán al resto del grupo que bautizarán como “caballos desbocados”, en honor al autor al que Ketsuno y Kimitake veneran. Con ellos, saldrán en las oscuras noches a limpiar Megaciudad, capital del Reino de Sombras, de la pérfida casa de los corvinos, el clan antiguo que señorea todo el Reino. Dejarán de ser “hikikomoris” para convertirse en guerreros que hacen Justicia a sangre y acero...

Un alegato a favor de la regeneración social a través de un mundo de personajes exóticos, extravagantes, almas libres que, con una cierta orientación machadiana (“la mala hierba debe cortarse al paso”), se proponen ejecutar a la Bruja Torva que con la ley y el dinero de su parte sometió fácilmente a las otras autoridades del Reino de Sombras, donde no reinaba el mérito y la capacidad. Para iluminar la oscuridad acuerdan acabar, también, con el Clan Corvino, integrado por individuos de naturaleza cobarde, cada vez más ávidos de riqueza, molestos por la infección que provocan sus fétidas vidas, la hediondez de sus auras. Entre ellos destaca Kiñono, un exponente de todos los vicios corvinos que detestan, arribista hasta el extremo de pasar la lengua por el suelo que pisaba la Bruja Torva. O Tuliano, el de la motocicleta, otro que renunció para tener. Para los corvinos la subvención era lo importante. Y crearon varios polígonos industriales con la intención de hacerse con las cuantiosas subvenciones que, desde dentro del país, se destinaban a lo que ellos llamaban la “promoción industrial” de Megaciudad.


Novela actual que muestra influencias literarias de moda, y novela-de-siempre porque trata temas permanentes, inherentes a la naturaleza humana, como la deslealtad, la avaricia, la corrupción… Sin transparencia no hay democracia. Por ejemplo, mucho de lo que nos está pasando, en España, es por falta de transparencia. Ser transparente no es publicar datos. Y no se es más transparente por publicar más datos. No es un tema de cantidad sino de calidad, de formas de hacer, de políticas. España necesita un cambio de políticas. Y no nos engañemos: no es sólo un cambio de caras. Eso sería maquillaje, postureo: intento de parecer algo que no se es. 

Más allá de que se puedan (y deban) aplicar medidas técnicas y políticas, la superación de esta situación se logrará gracias a decisiones esencialmente éticas. La credibilidad ha pasado a ser uno de los aspectos fundamentales de la relación del individuo con la sociedad. Se trata, en definitiva, de la confianza que tiene el ser humano en sus semejantes e instituciones con quienes se relaciona. No se trata del aspecto formal de estas relaciones, que pueden estar reguladas por leyes o por acuerdos privados entre las partes, sino de la convicción íntima de las personas que sus derechos serán respetados y que los compromisos adquiridos se van a cumplir. La importancia de la credibilidad es mucha. 

“Hikikomori o la rebelión de los buenos”. He añadido esta frase al título de la novela de Manuel Ángel Morales porque, opino, ése, junto con la lucha contra la corrupción, es otro tema de fondo. Es común que, con frecuencia, los ciudadanos vivamos en un cierto aletargamiento que nos impide salir de nuestra zona de confort, “complicarse la vida”, cuando las cosas nos indignan, no nos gustan o, sencillamente, creemos que se pueden hacer mejor. Como todo el mundo es bueno y da lo mismo ocho que ochenta, porque nada es verdad ni es mentira, a ver quién es el guapo que se atreve a decir que esta boca es mía, a rebelarse. Otra cosa es la forma de manifestar, de canalizar, nuestra indignación, de rebelarnos. Y ahí, pienso, tienen encaje el respeto y la proporcionalidad de los medios.

No todas las opciones culturales, políticas, económicas, sociales son iguales ni merecen la misma calificación. Por ejemplo, hace tiempo leí la noticia de que las autoridades de Arabia Saudí ejecutaron a siete jóvenes acusados de asaltar unas joyerías. No está claro cómo los mataron. Unos medios dicen que fueron decapitados; otros, que fueron fusilados ante la escasez de verdugos especializados en ejecutar con sable…No es la primera vez que me impresiono ante una noticia de este tipo. Y, siempre, que pienso en ello concluyo que valoramos poco, muy poco, que nuestra civilización esté fundamentada en los derechos humanos. Aquí también se castiga a quienes delinquen pero con respeto a su dignidad de personas, con garantías: uno es inocente mientras no se demuestre lo contrario, jueces independientes, proceso transparente, asistencia profesional especializada, etc. y, siempre, buscando que, junto a la restitución o indemnización por el daño causado, el delincuente deje de serlo; por su bien y por el bien de la sociedad.

Y este sistema tiene causas. Una consideración concreta de la persona humana que, por el hecho de serlo, tiene derechos y obligaciones que todos debemos conocer y respetar. Por tanto, ni todas las culturas son civilizadas, ni son iguales, ni merecen la misma calificación. Iguales únicamente porque merecen tolerancia, respeto, en cuanto son expresión de la voluntad de un pueblo sobre cómo organizarse. Pero nada más. Hay que decirlo -y sentirlo- alto y claro, sin miedo: nuestra civilización occidental, fundamentada en los principios del humanismo, es mejor que otras. Una cosa es la autocrítica, sana y necesaria, y, otra, una equiparación con carácter general. Es igual pero no es lo mismo.

Publicado en "Diario de León", hoy, 13 de diciembre del 2016: http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/hikikomori-o-rebelion-buenos_1122080.html

martes, 15 de noviembre de 2016

"Toni Zweifel. Huellas de una historia de amor" de Arturo López Kindler.

Acabo de leer la biografía, que se acaba de publicar, de una persona muy interesante: “Toni Zweifel. Huellas de una historia de amor” de Arturo López Kindler. Es el segundo libro que leo de este autor. Hace unos meses leí “Antonio Fontán. Un héroe de la libertad” también publicado por la editorial Rialp y, también, muy recomendable.


Hijo de un empresario suizo, estudió con brillantez la carrera de ingeniería en el Politécnico de Zürich y, en vez de disfrutar de patrimonio “se complicó la vida” y emprendió un proyecto de residencia universitaria (“Fluntern”) con características singulares: no una simple posada sino un lugar de estudio y formación con ambiente de familia cristiana para estudiantes que debían dejar su casa durante la época de clases.

Y, también, creó una fundación benéfica de ámbito universal (www.limmat.org), con sede en Suiza, que tuviera como objeto promocionar a personas menos favorecidas en todo el mundo y mejorar sus condiciones de vida.

Murió a los 51 años después de sobrellevar, durante varios años y con una fortaleza ejemplar, su enfermedad (leucemia). Una personalidad inspiradora. Un ejemplo de vida que sirve de guía a tantos hombres y mujeres que buscan dedicar toda su energía a proyectos de largo alcance.

martes, 8 de noviembre de 2016

"Sumisión" de Michel Houellebecq.

Francia, en un futuro próximo. A las puertas de las elecciones presidenciales de 2022. Los partidos tradicionales se han hundido en las encuestas y Mohammed Ben Abbes, carismático líder de una nueva formación islamista moderada, derrota con el apoyo de los socialistas y de la derecha a la candidata del Frente Nacional en la segunda vuelta. 

François, un profesor universitario hastiado de la docencia y de su vida sexual, que a sus cuarenta años se había resignado a una vida aburrida pero sosegada, ve cómo la rápida transformación que sucede a la llegada del nuevo presidente al Elíseo altera la vida cotidiana de los franceses y le depara a él un inesperado futuro. 

Los judíos han emigrado a Israel, en las calles las mujeres han cambiado las faldas por conjuntos de blusas largas y pantalones, y algunos comercios han cerrado sus puertas o reorientado el negocio. 

Y la Sorbona es ahora una universidad islámica en la que los profesores conversos gozan de excelentes salarios y tienen derecho a la poligamia. 

Al igual que Huysmans, el escritor del siglo XIX convertido al catolicismo al que consagró su tesis, François sopesará pronunciar las palabras que le abrirán las puertas de la religión islámica y de una nueva vida: "No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta."


Michel Houellebecq llama la atención sobre un tema de actualidad como la pérdida de identidad de las grandes naciones europeas y su progresiva islamización. La historia transcurre en Francia, pero también podría suceder en Alemania o en España…

Por verosímil -profética- su lectura inquieta, angustia.

Lo mejor: su ingenio, su cinismo, su ironía. 

Este libro me creó un expectativa que, poco a poco, se fue diluyendo en la medida en que dejaba de profundizar en el argumento para, en mi opinión, enredarse en demasiados pasajes chabacanos, obscenos.

Me ha decepcionado.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Huelga de deberes.

Los clientes de Renfe celebramos la noticia de que, por fin, esta empresa vaya a ofrecer wifi en algunos -sólo en algunos, por aquello de ordenar las expectativas- de sus trenes. Ni siquiera en todos sus trenes de alta velocidad, sólo en algunos como, anuncian, los que prestan servicio en las líneas a Sevilla y a Barcelona. A los usuarios del “ave” Madrid-León (también en esta ocasión) nos tocará esperar. 

Que, hasta ahora, una compañía como Renfe no ofreciera este servicio a sus clientes es, cuando menos, sorprendente.

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Se acabó la vendimia y comienza la campaña del aceite de oliva. Unos estudiosos han calculado el número de olivos que hay en Andalucía. Realmente hay “gente-pa-tó”, hasta para calcular el número de olivos… Estiman que unos sesenta y cinco millones. Una inmensidad. Recuerdo que hay lugares donde uno parece estar rodeado. Una alfombra de olivos que se extiende a cualquiera de los cuatro puntos cardinales. Por ejemplo, entre Baeza y Úbeda.


Sobre el aceite de oliva y mucho más trata uno de los últimos libros de Juan Eslava Galán “Viaje por el Guadalquivir y su historia”: de los orígenes de Tarteso al esplendor del oro de América y los pueblos de sus riberas.

Leyéndolo me llamó la atención una curiosidad que algunos, con gran ingenio y no sin razón, consideran un antecedente del código de barras. Las ánforas llamadas olearias se denominaban así en el Imperio Romano porque servían para envasar aceite. Cada ánfora llevaba la “figliana” o sello del alfarero en un asa y, además, una serie de inscripciones a tinta y pincel, en letra cursiva, los llamados “tituli picti”, en los que consignaban el peso del envase, el peso del aceite, el nombre del productor y otros datos fiscales.

Estas ánforas olearias procedentes de la Bética se han encontrado en puntos tan distintos como Inglaterra y la India, lo que prueba que el aceite andaluz no está de moda porque lo recomienden los cocineros (chefs) de moda, sino que ya, entonces, era muy valorado en todo el mundo conocido. 

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Una asociación de padres de alumnos ha convocado una huelga de deberes para este fin de semana, como forma de presión para que se regule por ley la eliminación de las tareas escolares. Pienso que, en este asunto, como en tantos otros, no hay nada mejor que mirar a quien o quienes lo hacen mejor. Aprender de los otros, especialmente de aquellos que lo hacen bien, el famoso “benchmarking”. En este caso, finlandeses y coreanos que, cada año y desde hace varios, obtienen los mejores resultados en los informes del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes o Informe PISA (por sus siglas en inglés: Programme for International Student Assessment).

Algunas buenas prácticas que pueden servir de fuente de inspiración. Por ejemplo, en Corea, la educación se concibe como una obligación patriótica. Los estudiantes tienen jornadas de seis horas de clase y entre cuatro o cinco de refuerzo. Y la profesión de maestro tiene un gran prestigio y reconocimiento social. 

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martes, 1 de noviembre de 2016

El Papa Francisco en Suecia: un recuerdo para José Miguel Cejas.

Que sí, que sí, que no es broma…Que el Ayuntamiento de Madrid quiere que las ovejas vuelvan a pastar en la Casa de Campo. La Alcaldesa Carmena se ha pronunciado a favor de esta medida con un argumento de autoridad: en el Palacio de las Naciones de Ginebra también pastan las ovejas. Una oportunidad para ser-como-los-suizos, al menos en esto… Señor, señor, qué rebaño.

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Expertos en urbanismo han distinguido a León como una de las ciudades con mejor calidad de vida para sus habitantes. Una buena noticia. Es una realidad que León-está-de-moda. Cada vez se aprecian, por ejemplo, más turistas y congresistas. Y una mejor noticia: que según el criterio de estos sabios León también seguirá estando de moda en el futuro. Lo que más me gusta de esta distinción es su causa: León ofrece la cobertura de muchos servicios públicos sin perder la “escala humana”.

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El Papa Francisco ha asistido, en Suecia, a la conmemoración de los quinientos años de la Reforma Protestante. Es más, lo que nos une que lo que nos separa, ha dicho.

Hablar de cristianos y luteranos en Escandinavia me recuerda -con cariño y gratitud- el libro “Cálido viento del norte” de José Miguel Cejas que falleció en febrero de este año, un mes antes de la presentación de su libro.


Se trata de breves historias de hombres y mujeres de los países nórdicos, “disidentes” que recorren caminos lejanos a los propuestos por las ideologías dominantes. Según José Miguel Cejas el estilo de vida de estas gentes constituye un viento cálido y renovador procedente del norte de Europa; y su disidencia es denuncia, pero también esperanza de un tiempo nuevo.

viernes, 21 de octubre de 2016

Soplar y sorber ¿simultáneamente?

Trabajar y cobrar “toda” la pensión… Parece un contrasentido. Como soplar y sorber, simultáneamente… La jubilación se ha entendido -y se entiende (al menos hasta ahora)- como un tiempo para realizar otras actividades que exijan menos esfuerzo, como el merecido retorno después de muchos años de puntuales pagos de cotizaciones sociales y de impuestos. Pero como no hay dinero porque unos y otros lo han despilfarrado, durante los últimos años, a base de irresponsables y diversas liberalidades pues estamos como estamos, comienzan a ponerse nerviosos porque una vez que se acaba la “hucha de las pensiones” ya no hay excusa para no enfrentar este asunto, y a soltar globos sonda como el que estoy comentando y otros: trabajar y cobrar una pensión, un impuesto sobre la riqueza (¿qué es eso?) para pagar las pensiones, utilizar el IVA (es decir, subirlo…) para complementar las cotizaciones sociales, etc.
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Y relacionado con lo anterior, más informaciones sobre el ocaso demográfico de España. Dentro de unos quince años, según proyecciones del Instituto Nacional de estadística, si todo sigue como hasta ahora, España perderá más de quinientos mil habitantes y uno de cada cuatro españoles tendrá más de sesenta y cinco años.

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Ayer asistí a la presentación en León de “Mejor no comprender” de Fernando Martín Aduriz. El libro recopila sus columnas en “Diario Palentino” durante trece años. Cuando lo lea lo reseñaré. La personalidad del autor me resultó atractiva, y un regalo poder escuchar a D. Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2006, que habló en la presentación.

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El tiempo es breve…Interesante iniciativa de la Universidad de Valladolid: “Tu tesis en tres minutos”. Todo un reto: realmente lleva más trabajo preparar una presentación de tres minutos que una de una hora. Que cunda el ejemplo y que las organizaciones intenten acotar las reuniones “de trabajo”. A veces son un obstáculo para un mejor aprovechamiento del tiempo. Sobre todo, cuando no se preparan y dirigen bien. 

miércoles, 19 de octubre de 2016

"Patria" de Fernando Aramburu.


Según iba leyendo las páginas de “Patria” recordaba un tiempo que viví no como protagonista, pero si como espectador. Como tantos españoles que cada día nos desayunábamos, durante años (demasiados años…), con la noticia de algún asesinato, de algún atentado terrorista.

En la Universidad de Granada tuve un compañero de quien no pude conocer su verdadera historia hasta veinte años después, gracias a los buscadores de internet. Un chico vasco, solitario, desconfiado. Coincidíamos en los mismos bancos del aula. Se le notaba incómodo. Quería ser amable pero no cultivar una amistad que le obligara a contar de más… Después de varios años intercambiando apuntes y alguna puntual conversación, me dijo que su tío era un empresario vasco que había sido amenazado por ETA y que, por prudencia, su padre había decidido enviarle a estudiar al otro extremo de España. La verdad es que su padre, dirigente empresarial, había sido asesinado por negarse a pagar el impuesto revolucionario. Y su tío, años después, sobrevivió a un atentado, pero quedó inválido.

Dramática historia como la que también se refleja en esta novela de Fernando Aramburu a través de la vida, durante esos años, de dos familias de un pueblo guipuzcoano. 

A pesar de su extensión (más de seiscientas páginas…) su lectura resulta amena, quizá, gracias a la técnica que utiliza su autor de narrar a través de un mosaico de breves capítulos. 

Muy recomendable.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Gracias amigos de Ponferrada.

Ayer, jueves 29 de septiembre, presenté "Viva Mi Gente (cinco acciones básicas que te ayudarán a dirigir mejor)" en Ponferrada, en la Biblioteca Municipal.

Feliz porque me acompañaron lectores y amigos con quienes tuve la oportunidad de dialogar, de aprender de personas interesantes.


Muchas gracias a todos.